"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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lunes, 19 de agosto de 2013

Solo Dios basta



"18 XII [1936]. Hoy he sentido angustia porque hace ya una semana que no viene nadie a visitarme;

cuando me quejaba ante el Señor, me contestó: ¿No te es suficiente que Yo te visito todos los días? 

He  pedido perdón al Señor y la angustia ha desaparecido. Oh Dios, fortaleza mía Tú me bastas." (D. 827)

sábado, 25 de mayo de 2013

Cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias




"Cuando he caído nuevamente en el mismo error a pesar del propósito sincero de evitarlo, aunque esta caída era una pequeña imperfección y mas bien involuntaria, no obstante sentí en el alma un dolor tan vivo que interrumpí  mi trabajo y fui por un momento a la capilla, y caí a los pies de Jesús; con amor y con gran dolor pedí perdón al Señor, tanto mas avergonzada que por la mañana, hablando con Él después de la Santa Comunión le prometí fidelidad.

De repente escuché estas palabras: Si no hubiera sucedido esta pequeña imperfección no habrías venido a Mí. Has de saber que cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias y tu imperfección desaparece ante Mí y veo solamente tu amor y tu humildad. No pierdes nada, sino que ganas mucho….." (D. 1293)

viernes, 5 de abril de 2013

Domingo 7 de Abril: Fiesta de la Divina Misericordia



El gran don que Dios nos da en la Fiesta de la Divina Misericordia: 7 de Abril


Pocas personas están conscientes del regalo tan grande nos da Nuestro Señor Jesucristo el día de la Fiesta de la Divina Misericordia,

 Avisemos a personas cercanas a nosotros de esta gran oportunidad y gracia el próximo Domingo 7 de Abril.

"Es como si fuera un segundo bautismo", nos explica el P. Ignacy Rozycki, doctor en Teología Dogmática, nombrado por el Papa Juan Pablo II para examinar las revelaciones a Santa Faustina, en un análisis que fue aprobado por Juan Pablo II y la Congregación para la doctrina de la fe:

"La muerte de Jesús en la cruz fue para el perdón de nuestros pecados y los pecados de todo el mundo. En el mensaje de la Divina Misericordia revelada a Santa Faustina, Jesús pide que a las 3 de la tarde nos sumerjamos en su Pasión. San Juan Bautista sumergía a las personas en el agua porque es un símbolo de purificación. A través de Su muerte en la cruz, Jesús limpia a las almas con el agua que fluyó de su costado, y luego les dá al alma vida nueva con la sangre que brotó de su cuerpo sagrado.

¿Qué sucede en la Fiesta de la Misericordia? que Él hace esta gracia extraordinaria disposición de los pecadores, una vez más, y nuestras almas pueden ser purificadas y renovadas, se nos da una nueva vida, un nuevo comienzo. En este día Jesús te permite estar al pie de la Cruz. Él te está haciendo presente en el momento en que Él expiró, ya que fue en ese momento que la Misericordia Divina fue ganada para el mundo. 


Dimas fue el primero en beneficiarse de esta victoria sobre la muerte, porque fue entonces cuando el Padre dió a Jesús el poder de la Divina Misericordia. El P. Ignacy Rozycki, doctor en Teología Dogmática nombrado por el Papa Juan Pablo II para examinar las revelaciones a Santa Faustina, llegó a la conclusión de que la gracia extraordinaria dada por Jesús en la Fiesta de la Misericordia es un don de la gracia sólo igualada por la del Santo Bautismo .


Esto significa que en este día su alma puede llegar a ser tan pura como el día de su bautismo. Esto significa que usted está comenzando su vida de nuevo y usted sólo tiene que preocuparse por los pecados que cometeremos en el futuro, tus pecados del pasado ya no existen. No importa qué pecado ha cometido en tu vida el pasado usted consigue la remisión completa, (perdón) de todos los pecados del pasado, sin tiempo en el Purgatorio*

Ya que nuestro Señor dijo a Santa Faustina que perdonará la pena merecida por los pecados ya confesados:

 "Pide a Mi siervo fiel que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas..." (Diario 300)

"Así que en la Fiesta de la Misericordia, nos ha llevado a la colina del Calvario, y nosotros, como Dimas, somos escuchados por Jesús, Él está ahí con nosotros en ese día nos limpia con el agua que fluyó de su costado, lo que ocurre cuando lleguemos a la confesión, el sacramento de la reconciliación, y entonces estamos comenzando una nueva vida por la transfusión de su sangre divina que recibimos en la Sagrada Comunión, en Su presencia.

Por lo tanto, nos sumerge en este día en el agua bendita y Su Sangre Divina. Nuestra presencia en la Fiesta de la Misericordia también está dando testimonio de nuestra fe, nuestra creencia en por qué Jesús murió en la cruz. En la Fiesta de la Misericordia, nuestras almas se están elogiando al Padre, por el Hijo, Jesucristo.

"Este día estarás conmigo en el paraíso"

El regalo que usted recibe en la Fiesta de la Misericordia es la que ha dado a Dimas, si usted muriera al día siguiente, iría directamente a su presencia en el Paraíso. Porque en la Fiesta de la Misericordia, su vida pasada es perdonada, no hay nada por lo que usted será juzgado.

Nosotros debemos, por supuesto, ser conscientes de que la Fiesta de la Misericordia implica un extraordinario acto de perdón, y así nosotros debemos perdonar a los demás, ya que uno de nuestros fracasos como seres humanos es no querer perdonar a nuestro projimo, pero sí esperamos ser perdonados por los errores que hemos hecho en la vida.

Si afirmamos estar sin pecado en este día, entonces debemos perdonar a todos los que nos han ofendido en nuestras vidas, no importa lo mal que nos trataron. En este día debe entregar a Jesús y dejar que El se encargue de ese mal que nos hicieron.

Nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros, si nosotros no perdonamos a todos los demás en este día. Antes de la confesión piense en los nombres de los que ha tenido una queja y pida al Señor que quite toda la amargura de su alma.

Esto es importante. Si confesamos nuestros pecados, debe incluir confesar la amargura en contra de los demás. Al ir a la comunión en el día de hoy estamos afirmando que no tenemos pecado en nuestra alma, no vaya si no ha perdonado a todos los que le han ofendido en su vida, si hay algo que no ha confesado, ir a la comunión, sería un gran error, porque entonces en vez de recibir la gracia de Dios que recibiría la ira de Dios.

No es justo decir, yo puedo ser perdonado de mis pecados, pero los que me han ofendido no deben ser perdonados. En la Fiesta de la Misericordia, debemos perdonar a nuestros enemigos y orar por ellos, así como pedimos perdón por los pecados que hemos cometido.

Si lo hacemos bien, en preparación para este gran don de la misericordia, el amor de Dios nos abraza y nos concede la gracia que Él nos ha prometido en esta ocasión extraordinaria, la Fiesta de la Misericordia. 

Este análisis por P. Ignacy Rozycki, doctor en Teología Dogmática fue aprobado por Juan Pablo II y la Congregación para la fe."* 


Para recibir esta gran gracia debemos:


Confesarnos y recibir la sagrada Eucaristía en el día. Si la confesión no está disponible en ese día, debe ser lo más cerca posible del día. Santa Faustina lo hizo en el sábado antes de la Fiesta. La comunión, como siempre, debe recibirse dignamente y debe acompañarse por la Confianza completa en la Misericordia Divina. (II.138) (III.1109)

Aquí puede descargar gratuitamente una hoja para imprimir Guía para exámen de conciencia y ayuda para hacer una buena confesión.                (aquí para confesión para niños)


Preparación personal para esta fiesta
Hacer la Novena
Confesarnos antes o en el día de la Fiesta
Hacer actos de misericordia.
Nosotros debemos ser misericordiosos con otros en nuestras palabras, hechos y oraciones.
La palabra misericordiosa - Perdonando y consolando a los demás
La obra misericordiosa - Cualquiera de las obras corporales de misericordia
La oración misericordiosa – Orar y rezar para pedir Misericordia para el mundo

* Este post esta basado en el escrito "Un segundo bautismo"
escrito por el P. Ignacy Rozycki, en la web DivineMercy.org

lunes, 14 de enero de 2013

La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia


Pide a Mi siervo fiel que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. 

+ La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia. 

+ Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad. Mi Corazón se alegra de este título de misericordia. 

Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia. (D. 300-301)

domingo, 25 de noviembre de 2012

La Misericordia de Dios sobrepasa a su Justicia



"En efecto, la obra propia de Dios es solamente una: hacernos partícipes de Sí mismo como Supremo Bien y tener una profunda compasión por nuestra debilidad y pecado.

Por esto Santo Tomás nos enseña que la misericordia se halla en Dios no solo en cuanto al afecto que tiene por nosotros, razón por la cual:
“Se dice que Dios manifiesta su omnipotencia sobretodo perdonando y compadeciendo; y no sólo en cuanto al hecho, sino en cuanto a la intención.” (2-2.20,2,4) 

Así, en toda obra de Dios hay compasión y justicia y ni obrando con justicia va contra su compasión, por lo que toda acción justa de Dios se apoya siempre en la misericordia y la presupone, aún cuando en la realidad, en toda obra de Dios su compasión sobrepasa siempre a su justicia, no en sí misma, porque ambas son perfecciones infinitas de Dios, sino con respecto a nosotros, pues nos trata según lo que exige su justicia, pero más conforme a su misericordia por el perdón."

Autor: Cango. Dr. Sergio Ruiz Moctezuma. Libro: "La devoción a la Divina Misericordia" 2001

lunes, 12 de noviembre de 2012

Reflexión acerca de la Divina Misericordia



 Reflexión acerca de la Divina Misericordia

Misericordia:Virtud que inclina el ánimo a la compasión y al perdón.

Justicia:Virtud que nos inclina a dar a cada uno lo que le pertenece. Pena o castigo público.Castigo de muerte.


“Si hablamos de misericordia es válido asentar que es el atributo mas grande de Dios. La misericordia es el fruto del amor, y del amor de Dios no hay quien puedad dudar. La primera manifestación del amor misericordioso de Dios lo vemos plasmado en el proto-evangelio. (proto, primero) Dios se conduele de sus hijos caídos en pecado y ofrece la redención a través de su Hijo Unigenito, y aqui podríamos decir: "El amor misericordioso tomó carne y habitó entre nosotros". Creo que todos recordamos pues, que Jesús nuestro Señor ya vino a hacer "Su parte", por asi decirlo, en nuestra redención y el resto es tarea nuestra, pero Dios sabe y conoce nuestra condición de pecadores, infieles, ingratos, olvidadizos. El sabe de qué barro estamos hechos, y sabe también que somos propensos a caer y a quedarnos caídos, y como El es la misericordia misma, y como Su amor es eterno y fiel, a 2000 años de su primera venida a este mundo, trabaja actualmente para ayudarnos a preparar Su segunda venida. "Según San Ignacio de Loyola, cuando Dios mira al mundo vé en él mucho pecado y por eso decide: Hagamos redención" Sin duda alguna, en este tiempo, el mayor mal que nos aqueja, la enfermedad más mortal que padecemos y la causa de todo el dolor que la humanidad padece es: la falta de amor, o desamor. Falta de amor a Dios, al semejante, y hasta a sí mismo. A lo largo y ancho de la tierra vemos una falta total de valores morales, la familia cada vez mas amenazada con su total destrucción, una soledad cada vez mayor no obstante vivir en una de las ciudades más pobladas. Y claro, si no hay amor, menos se ve su fruto, la misericordia. Muy pocos se conduelen del hermano en desgracia y menos aún quieren compartir lo que a ellos Dios generosamente les otorga, con los que menos tienen. Es una lucha tenaz por poseer, es una carrera vertiginosa en pos del oropel y de todo lo falso y vano que el mundo ofrece. Solo se busca el disfrute de los goces pasajeros, y para Dios, no hay tiempo, todo es vanidad de vanidades, como dice el Eclesiastés. ¡Oh humanidad ciega y dura de corazón!, ¿acaso te crees eterna?, ¿ya olvidaste que traes el pecado, la enfermedad y la muerte como única cosa cierta en tu vida?”. 

Fuente: Libro Misericordia y Justicia, Sor María Piedad D. R. Servidora de la Misericordia.

jueves, 8 de noviembre de 2012

El perdón, en la misericordia de Dios 3/3



Si nosotros hoy nos sentimos mal por como hemos llevado nuestra vida, solo hemos de repasar las vidas de tantos santos que en su vida pasada fueron grandes pecadores, pero se arrepintieron, pidieron perdón a Dios, se perdonaron a sí mismos por amor a Dios, y en despues de su conversión llevaron una vida ejemplar.

A este respecto nos dice Nuestro Señor: "Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia..." (Diario 1146)


"A ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno." (Diario 378)


"Cuanto deseo la salvación de las almas. Mi queridisima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas estan colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras que indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo." (1784)


"Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la tierra... por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia." (1275)


Consideremos por ejemplo la vida de San Agustín, de San Pablo, de tantos santos que fueron muy pecadores y al convertirse lo hicieron de verdad, de corazón y confiaron totalmente en Dios. Como la historia de Santa María Magdalena. Una perfecta pecadora, que inicialmente lavó, besó y ungió los pies de Jesús por contrición; y después de su muerte, por devoción. A pesar de los pecados que había cometido, amaba tanto a Jesús, que se quedó con Su Madre María durante la crucifixión (Cfr. Jn 19,25). No fueron Pedro o su amado discípulo Juan, quienes llegaron primero a la tumba y quienes anunciaron la Resurección, no, ¡fue María Magdalena! ¡Qué gran esperanza debe darnos ese suceso!

Todos conocemos la historia del hijo pródigo, relatada por San Lucas en el capítulo 15, versículos 11-32. Todos hemos pasado por experiencias en la vida en las que nos hemos equivocado y nos podemos identificar con el hijo pecador, así como con nuestra propia necesidad de arrepentimiento.
El saber que el Padre es Amor y Misericordia, nos puede dar mucha seguridad, ya que sabemos que Él nunca nos rechazará cuando le roguemos misericordia. A lo largo de nuestras vidas, a veces nos vemos en situaciones en las que nos tenemos que humillar y pedir perdón a un amigo. Pero en ocasiones, no somos el que se arrepiente, sino más bien el inocente que pasaba por ahí.
Actuamos como el hermano mayor, enojados por la atención que recibió el menor, especialmente porque se ha matado al ternero gordo y se le ha puesto la túnica más costosa. Murmuramos: “Yo nunca hice lo que él, y nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.”
¿Alguna vez has visto con desdén a algún pecador arrepentido, sospechando que su conversión es una farsa y careciendo del perdón de tu corazón, te has preguntado porqué toda la atención no ha sido dirigida más bien hacia ti? La envidia del hermano mayor es tan frecuente en la sociedad de hoy.... Deberíamos regocijarnos cuando un hijo pródigo regresa, sin importar si él ó ella fue un asesino, un alcohólico, o un amigo orgulloso y arrogante, o una hija rebelde y conflictiva. Finalmente, hay momentos en nuestra vida en los que estamos llamados a ser el padre amoroso, listos para perdonar y abrazar a aquellos a quienes nos han herido. Sabemos lo que tenemos que hacer ¡pero es tan dificil!
El perdón es un acto de la voluntad, no es un sentimiento. No borra los recuerdos, pero al hacer un esfuerzo por perdonar, aún cuando no podamos personalmente pedir perdón a nuestro prójimo, empieza un lento proceso de sanación, curando nuestras heridas interiores más profundas. Comenzamos a andar el “largo y sinuoso” camino para estar en buena salud espiritual, psicológica y emocional. En virtud de que hemos cometido pecado, podemos entender el dolor del otro, y nuestras heridas nos permitirán ser un vehículo y una fuente de sanación, un icono de misericordia, irradiando amor hacia los demás.
Luchemos por esa paz interior; ya que no podremos estar en paz si estamos enojados, ansiosos o desanimados. Abramos nuestros corazones a la efusión de los rayos del Amor Misericordioso de Cristo, ya que todos queremos conocerlo de una manera más profunda. Debemos perdonar a aquellos que nos han ofendido, incluso a nosotros mismos, ya que este acto abre la puerta a Su Divina Misericordia, hace que nuestros corazones de piedra puedan absorber los rayos de la Sangre y del Agua que brotaron de Su Corazón traspasado.

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida

El perdón, en la misericordia de Dios 2/3



El dolor que todos cargamos por alguna lesión recibida, puede ser como una herida abierta que se va ulcerando con terrible infección a través de los años. Muchos de nosotros andamos cargando con rencores y culpabilidades, y nunca nos atrevemos a afrontar la situación interiormente. Casi nunca perdonamos y raramente olvidamos; y sin embargo rezamos a Dios que nos perdone como perdonamos a los demás. Aunque la persona que nos ha herido no tenga remordimientos, aquel que va guardando rencor es el que está destinado a vivir en cadenas.
La única forma de romper estas cadenas y de liberarnos, es olvidándonos del enojo que sentimos y pidiendo a Dios la gracia del perdón.
A veces se requiere del apoyo de una comunidad Cristiana, que nos ayude a desatar las envolturas que nos atan para perdonar a los demás. Somos como Lázaro resucitado de entre los muertos, ¡vivos! Pero aún necesitando la ayuda de aquellos que nos rodean para liberarnos y quitarnos las vendas y ser verdaderamente libres. El sistema de apoyo que un grupo amoros de Cristianos comprometidos nos puede dar, nos ayudará a continuar en el camino del bien. Santa Faustina escribió: “Nos parecemos más a Dios cuando perdonamos al prójimo” (Diario 1148)
¡Perdonar es mucho más que simplemente evitar el confrontarnos con aquellos que nos han lastimado! Puede que no sea muy inteligente el restablecer una relación con alguien que nos haya lastimado seriamente, pues tal vez sería exponerse a mayor daño o abuso. Aún cuando tengas que mantenerte lejos de la persona que te ha herido, debes olvidarte del enojo o del rencor y perdonar.
La Escritura es muy clara en cuanto a que, así como nuestro Padre Celestial nos ama, debemos amar a los demás. El amor no es una emoción, sino una decisión. “...Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan” (Mt 5,44)
Nuestros “enemigos” casi nunca son aquellos que están en tierras lejanas; sino frecuentemente son los miembros de nuestra propia familia y compañeros de trabajo quienes nos irritan y nos frustran y nos causan muchas molestias.
Perdonar es más sencillo si podemos evitar hacer juicios. No debemos ser como los Fariseos, quienes veían serias faltas en los demás pero no en sí mismos. ¡Si tan sólo pudiésemos ser tan estrictos con nosotros mismos, como lo somos con los demás! Todos estamos para criticar, condenar y juzgar. Y sin embargo, con qué facilidad pasamos por alto nuestras propias debilidades racionalizando nuestra conducta y defectos. “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo?” (Mt 7,3). Reflexiona en el pasaje: “El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. Perdona a tu prójimo en el agravio, y en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados!” (Sir. 28,1-4)

Muchos tienen más dificultad para perdonarse a sí mismos, que para perdonar a los demas. Piensa en los miles de adictos que utilizan drogas, alcohol, sexo, el exceso de trabajo, de comida, apuestas y otros escapes, y viven en un mundo de aislamiento, verguenza y desesperación. Cuántos de nosotros nos martirizamos mentalmente con frecuencia, casi al punto de la exasperación. Nos enfocamos en pensamientos tales como: “Cómo pude haber hecho esto” y “¿Porqué hice tal cosa?” y “¡Soy un perdedor!”.
Toda la culpa, verguenza e inseguridad penetran nuestra mente, y nos llegan a inquietar tanto, que nos preguntamos ¿Dios podrá perdonar a un alma tan miserable? Y despues, las dudas vuelven a penetrar la mente, y continuamos preguntándonos si Jesús podrá perdonarnos nuestros pecados, los mismos que repetimos frecuentemente, ya que a pesar de nuestros esfuerzos, caemos una y otra vez en las mismas faltas. 
El Dios de la Misericordia está pronto para perdonar y mostrarnos misericordia. Podemos encontrar alivio en las palabras que nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: ”...cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario 723).
Jesús le habló a Santa Faustina del alma pecadora que ya esta al borde de la desesperación por sus pecados:
El alma dice: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.
Jesús: "Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida".
El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.
Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi (84) amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.
El alma: Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú, Señor...
Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen ­[374] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.
Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.
El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad, Te expresaré todo el dolor de mi corazón. Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo. Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tu me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido (85) el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.
Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.
El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí.

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

El perdón, en la misericordia de Dios 1/3



Cuando uno hace consideraciones sobre la Divina Misericordia y en la manera de vivir el mensaje, viene a la mente la necesidad de confiar en Dios y ser misericordioso con los demás. Sin embargo el perdón tambien se encuentra en el corazón del mensaje de la Divina Misericordia. Es un acto de misericordia hacia los demás y hacia uno mismo, y con frecuencia es una condición para la sanación fisíca, pero especialmente es una condición para el progreso espiritual.

Así como Dios perdona nuestros pecados, debemos perdonar las ofensas de los demás. “Y cuando pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que tambien vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.” (Mc 11,25)

La necesidad de perdonar se hace aún más necesaria en una sociedad con tantos males como la nuestra; uno no tiene que mirar muy lejos para ver gente sufriendo los efectos devastadores del divorcio, la violencia, las adicciones, la pornografía, etc. El perdón no es una emoción, sino una decisión. Si el perdón no fuera posible, Dios no podría mandarnos perdonar.
Mucha gente evita y procura no pensar en aquellos que los han herido, y no se enfrentan con los problemas fundamentales; por ello, no pueden encontrar la sanación que desean. Otros creemos que hemos perdonado si no hablamos negativamente de alguien, aunque muy en el fondo guardamos mucho rencor reprimido. Este enojo o rencor sale a la superficie de muchas maneras y afecta nuestra relación con los demás, incluso con aquellos a quienes más queremos.

¿De qué nos sirve rezar la Coronilla a la Divina Misericordia a las tres de la tarde, y después gritar y vociferar al cónyugue enfrente de los niños a las cuatro de la tarde?
Piensa cuántas veces rezamos el Padrenuestro: “...y perdonanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12)
Estamos viviendo en tiempos de gran misericordia, y sin embargo no podremos recibir el derroche de la misericordia de Dios, mientras no hayamos perdonado a aquellos que nos han ofendido. “Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (Jn 4,20)
Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia (ver el Catecismo de la Iglesia Católica, 2840).

¿Cuántas veces nos ha perdonado Dios? Dijimos anteriormente que la imagen de la Divina Misericordia simboliza los Sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación. El gran Sacramento de la Reconciliación no debe verse como un castigo, un regaño o flagelación, sino como un vehiculo de sanación.
Dios siempre esta ahí, listo para perdonar. ¡No hay limites para su misericordia!
Nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: "Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable" (Diario, 1142)


Su misericordia es tan grande, que nunca seremos capaces de comprenderla; es como un océano que no tiene fondo. ¡Pero qué dificil es perdonar cuando alguien nos ha herido!
Santa Faustina escribió: “Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios. 
Siempre que mire la cruz, perdonaré sinceramente" (Diario, 390)
Dios me perdona a mí, ¿yo no voy a perdonar?

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección



Jesús: Me son agradables tus esfuerzos oh alma que tiendes a la perfección. Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta tristeza y cuál es su causa?
El alma: Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.


Jesús: Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.
El alma: Sí, lo sé todo, (91) pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan en mí y además todo me irrita y me desanima.


Jesús: Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que ] siempre venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.
El alma: Yo reconozco lo que es más perfecto y que Te agrada más, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo que conozco.


Jesús: Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran lucha por Mi reino, pero no tengas miedo, porque no estás sola. Yo te respaldo (92) siempre, así que apóyate en Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de la fuente de al vida no solo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.
El alma: Oh Señor, siento que mi corazón se llena de amor, que los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado en mi alma. Heme aquí, Señor, que voya para responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer a las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.

* Fuente: "La Divina Misericordia en mi alma" (Diario de Santa Faustina Kowalska) Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo.