"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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lunes, 10 de febrero de 2014

Sin la voluntad de Dios el Maligno no nos puede hacer nada


"11 de octubre. Esta noche, mientras escribía sobre esta gran misericordia de Dios y sobre el gran provecho para las almas, Satanás irrumpió en la celda con gran rabia y furia, tomó el biombo y se puso a despedazarlo y quebrarlo.
En un primer momento me asusté un poco, pero en seguida con un pequeño crucifijo hice la señal de la santa cruz; la bestia se calmó en seguida y desapareció. Hoy no vi esta figura monstruosa, pero solamente su rabia; la rabia de Satanás es terrible.

El biombo, sin embargo, no estaba despedazado ni quebrado; con toda tranquilidad seguí escribiendo.

Sé bien que sin la voluntad de Dios, aquel miserable no me tocará, pero ¿por qué se porta así?

Comienza a asaltarme abiertamente y con tanta rabia y tanto odio, pero no perturba mi paz ni por un momento, y esta serenidad mía provoca su rabia." (D. 713)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Me alegré de poder sufrir para Dios



"En víspera de exponer la imagen fui con nuestra Madre Superiora a ver a nuestro confesor. Cuando en la conversación fue abordado el tema de esta imagen, el confesor pidió que una de las hermanas ayudara a trenzar guirnaldas. 

La Madre Superiora dijo que Sor Faustina ayudaría. Eso me alegró muchísimo. Cuando regresamos a casa me dediqué en seguida a preparar los ramos verdes y con ayuda de una de las alumnas los transportamos. 

Ayudó también una persona que trabaja cerca de la iglesia. A las siete de la tarde estaba ya todo listo, la imagen estaba ya colgada; sin embargo algunas señoras notaron que yo iba y venía por allí, ya que seguramente más estorbaba que ayudaba, pues al día siguiente preguntaron a las hermanas ¿qué cosa era aquella bella imagen y qué significado tenia? 

Ustedes, hermanas, lo sabrán seguramente, porque ayer una de las hermanas la adornaba. Las hermanas muy sorprendidas porque no sabían nada, todas quisieron verla y en seguida sospecharon de mí. Decían: Sor Faustina lo sabrá seguramente todo. 

Cuando empezaron a preguntarme, callaba, porque no pude decir la verdad. Mi silencio incitó su curiosidad; redoblé mi vigilancia para no mentir ni decir la verdad, porque no tenía permiso. 

Entonces empezaron a mostrarme su descontento y reprocharme abiertamente: ¿Cómo es posible que la gente de fuera lo sepa y nosotras no? Empezaron diferentes juicios sobre mí. 

Sufrí mucho durante tres días, pero una extraña fuerza entró en mi alma. Me alegré de poder sufrir para Dios y para las almas que habían obtenido su misericordia en esos días. 

Al ver tantas almas que habían obtenido la misericordia de Dios en esos días, considero nada las fatigas y el sufrimiento aunque sean las más grandes y aunque duren hasta el fin del mundo, porque ellos tienen limite mientras las almas que se han convertido [son salvadas] de los tormentos que nunca tienen fin. 

Experimentaba un gran gozo viendo a otros que volvía a la fuente de la felicidad, al seno de la Divina Misericordia. "  (D. 421)

martes, 3 de septiembre de 2013

Aunque seamos miserables confiemos en la Misericordia de Dios



"+ Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron [a caer] truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabia de que se trataba. Pero poco después entendí que se trataba de lo que no dependía de mí.
 Me dijo: Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta. El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien. 

Reconocí que tenia plenamente razón, porque yo soy miserable, sin embargo confió en la misericordia de Dios. Cuando me encontré con el Señor, me humillé y dije: Jesús, según dicen, ¿Tú no tratas con las personas miserables? 

Quédate tranquila, hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia. Entendí que la Madre quiso solamente humillarme." (D. 133)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Inconcebible grandeza de la misericordia de Dios




"Oh Santa Trinidad, Único Dios, inconcebible en la grandeza de la misericordia hacia las criaturas y especialmente hacia los pobres pecadores.

Has revelado el abismo de Tu misericordia inconcebible, impenetrable para toda mente humana o angélica.

Nuestra nulidad y nuestra miseria se hunden en Tu grandeza.

Oh Bondad infinita, ¿Quién puede adorarte dignamente? ¿hay algún alma que entienda tu amor? Oh Jesús, tales almas existen, pero son pocas." (D. 361)

sábado, 5 de enero de 2013

Segundo día de los Ejercicios Espirituales


Segundo día


"Hija Mía, hoy considera Mi dolorosa Pasión, toda su inmensidad; medítala como si hubiera sido
emprendida exclusivamente por ti.


Aplicación: Cuando empecé a sumergirme en la divina Pasión, descubrí el gran valor del alma humana y toda la maldad del pecado y conocí cómo yo no sabia sufrir. Para adquirir meritos por los sufrimientos, uniré mis sufrimientos a la Pasión del Señor Jesús pidiendo gracia para las almas agonizantes a fin de que la misericordia de Dios las envuelva en ese importante momento…….

 Segunda meditación


Hija Mía, medita sobre la regla y los votos que Me has hecho a Mí. Tú sabes cuánto los aprecio y todas las gracias que tengo para las almas de los religiosos se relacionan con la regla y los votos.
 

Aplicación: Oh Jesús mío, advierto aquí muchas faltas, pero por merito de Tu gracia no recuerdo una infracción consciente y voluntaria de la regla o de los votos religiosos; sigue guardándome, oh mi buen Jesús, porque por mi misma soy débil.

Hoy, hija Mía, tomarás por lectura el capitulo diecinueve del Evangelio de San Juan y lee no sólo con los labios sino con el corazón….
Durante esta lectura mi alma estaba colmada de una profunda tristeza. Conocí toda la ingratitud de las criaturas para con su Creador y Señor. Pedí que Dios me perseverara de la ceguera del intelecto. (D. 1761 -1766)

En este punto se incluye la Conferencia sobre el Sacrificio y la Oración

lunes, 12 de noviembre de 2012

San Alfonso Ma. de Ligorio y la Misericordia de Dios 2/2


"Dios sigue llamando a los ingratos. Dios demuestra su misericordia hacia el pecador, llamándolo a penitencia. Pecó Adán y Dios lo llamó como un Papá a un hijito perdido, diciéndole: "Adán, Adán ¿donde estas?" (Gn 3, 9) Lo mismo ha hecho Dios contigo muchas veces. Tú huías de Dios y Dios te seguía buscando y llamando. Y te llamaba con santas inspiraciones, con remordimientos, con buenas lecturas o sermones, o con la muerte de algún ser querido o con algún grave sufrimiento. Dios podría decirle al pecador las palabras del Salmo 68: "He estado llamando continuamente. Tengo ronca la garganta de tanto gritar." Y Santa Teresa nos recuerda: "Ese que ahora te llama suplicante para que vuelvas a su amistad, será el mismo que un día te juzgará y te dictará la sentencia para toda la eternidad." 
¿Cuantas veces, cristiano, te hiciste sordo ante el Dios que te llamaba? Bien merecías que ya no te volviera a llamar más, pero El te sigue llamando porque desea salvar tu alma y llevarte al cielo y que vivas en paz con El. ¿Y quien es el Dios que te llama? "Es Nuestro Señor, el grande y todopoderoso; el que cuenta el número de las estrellas y a cada una la llama por su nombre. Es el Dios Sapientísimo cuya sabiduría no tiene medida." (Salmo 146) ¿Y quien eres tu? "Un ser debil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes". (Sab. 9.3) ¿Y para que será que te llama Dios? El profeta Ezequiel te responde: "Dios te llama para que te conviertas y tengas verdadera vida" (Ez. 18,32) y Nuestro Señor sigue diciéndonos: "Yo juzgaré a cada uno según su conducta. Convertíos, dejad vuestra vida de pecado. Que cada uno se aparte de sus maldades y de las ocasiones de hacer el mal. Que cada cual trate de formarse un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por que querer perecer y terminar mal, pueblo mío?" (Ez. 18,31).  
Cada vez que cometemos un pecado grave echamos a Dios de nuestra alma. Pero El, ¿qué hace? "He aquí que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,20) Es lo mismo que dijo San Pablo con aquella su hermosísima frase: "Les rogamos por Cristo que cada uno haga lo posible por reconciliarse con Dios." (2 Cor. 5,20) Lo cual comenta San Juan Crisóstomo diciendo: "Es el mismo Cristo que nos está rogando. ¿Y qué es lo que nos ruega? Que nos reconciliemos con Dios. Así que lo que El no quiere jamas ser nuestro enemigo, aunque nosotros no dejamos de portarnos como si fuéramos enemigos de El". 
Y lo más simpático de todo esto es que no es el pecador el que tiene que tomar la iniciativa y esforzarse por obtener que Dios se mueva a reconciliarse con El, sino que es el mismo Dios quien está más interesado en esto, y basta que el pecador se resuelva a aceptar la amistad divina, para empezar ya a concederles la verdadera felicidad. ¿Por qué querer perderse lejos de Mi? Y nosotros deberíamos decirle con el Salmo 8: "¿Qué es el ser humano para que te acuerdes de él? O con el Santo Job: "Señor, es que acaso el ser humano vale tanto para que te ocupes con cuidado de él y pongas, en él tu corazón?" Job 7,17 Señor: aqui tienes a un ingrato(a) que muchas veces ha huído de tu santa amistad. Te llamo Padre, porque así nos dijo tu Hijo Jesús que te agrada que te llamemos. Pero tengo que reconocer que cuanto más bondadoso te has mostrado conmigo, más ingrato me he mostrado yo contigo. Por esa misma bondad que te movió a no abandonarme cuando me alejaba de Ti, acéptame ahora que quiero vivir en tu santa amistad. Concédeme oh Jesús un gran arrepentimiento de todas mis faltas y devuélveme tu total amistad. Quiero detestar y aborrecer todas las ofensas que le he hecho a mi buen Dios. Por la agonía y las angustias que sufriste en el Huerto de Getsemaní te suplico que yo logre aljear de mi corazón todo afecto que me aparte de la amistad con Dios. Jesús mío: yo quisiera amarte por sobre todas las cosas. Concédeme fuerza para lograrlo. Oh María, Madre de misericordia: compadecete de mí y ruega por mí a Dios". 

jueves, 8 de noviembre de 2012

El perdón, en la misericordia de Dios 2/3



El dolor que todos cargamos por alguna lesión recibida, puede ser como una herida abierta que se va ulcerando con terrible infección a través de los años. Muchos de nosotros andamos cargando con rencores y culpabilidades, y nunca nos atrevemos a afrontar la situación interiormente. Casi nunca perdonamos y raramente olvidamos; y sin embargo rezamos a Dios que nos perdone como perdonamos a los demás. Aunque la persona que nos ha herido no tenga remordimientos, aquel que va guardando rencor es el que está destinado a vivir en cadenas.
La única forma de romper estas cadenas y de liberarnos, es olvidándonos del enojo que sentimos y pidiendo a Dios la gracia del perdón.
A veces se requiere del apoyo de una comunidad Cristiana, que nos ayude a desatar las envolturas que nos atan para perdonar a los demás. Somos como Lázaro resucitado de entre los muertos, ¡vivos! Pero aún necesitando la ayuda de aquellos que nos rodean para liberarnos y quitarnos las vendas y ser verdaderamente libres. El sistema de apoyo que un grupo amoros de Cristianos comprometidos nos puede dar, nos ayudará a continuar en el camino del bien. Santa Faustina escribió: “Nos parecemos más a Dios cuando perdonamos al prójimo” (Diario 1148)
¡Perdonar es mucho más que simplemente evitar el confrontarnos con aquellos que nos han lastimado! Puede que no sea muy inteligente el restablecer una relación con alguien que nos haya lastimado seriamente, pues tal vez sería exponerse a mayor daño o abuso. Aún cuando tengas que mantenerte lejos de la persona que te ha herido, debes olvidarte del enojo o del rencor y perdonar.
La Escritura es muy clara en cuanto a que, así como nuestro Padre Celestial nos ama, debemos amar a los demás. El amor no es una emoción, sino una decisión. “...Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan” (Mt 5,44)
Nuestros “enemigos” casi nunca son aquellos que están en tierras lejanas; sino frecuentemente son los miembros de nuestra propia familia y compañeros de trabajo quienes nos irritan y nos frustran y nos causan muchas molestias.
Perdonar es más sencillo si podemos evitar hacer juicios. No debemos ser como los Fariseos, quienes veían serias faltas en los demás pero no en sí mismos. ¡Si tan sólo pudiésemos ser tan estrictos con nosotros mismos, como lo somos con los demás! Todos estamos para criticar, condenar y juzgar. Y sin embargo, con qué facilidad pasamos por alto nuestras propias debilidades racionalizando nuestra conducta y defectos. “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo?” (Mt 7,3). Reflexiona en el pasaje: “El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. Perdona a tu prójimo en el agravio, y en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados!” (Sir. 28,1-4)

Muchos tienen más dificultad para perdonarse a sí mismos, que para perdonar a los demas. Piensa en los miles de adictos que utilizan drogas, alcohol, sexo, el exceso de trabajo, de comida, apuestas y otros escapes, y viven en un mundo de aislamiento, verguenza y desesperación. Cuántos de nosotros nos martirizamos mentalmente con frecuencia, casi al punto de la exasperación. Nos enfocamos en pensamientos tales como: “Cómo pude haber hecho esto” y “¿Porqué hice tal cosa?” y “¡Soy un perdedor!”.
Toda la culpa, verguenza e inseguridad penetran nuestra mente, y nos llegan a inquietar tanto, que nos preguntamos ¿Dios podrá perdonar a un alma tan miserable? Y despues, las dudas vuelven a penetrar la mente, y continuamos preguntándonos si Jesús podrá perdonarnos nuestros pecados, los mismos que repetimos frecuentemente, ya que a pesar de nuestros esfuerzos, caemos una y otra vez en las mismas faltas. 
El Dios de la Misericordia está pronto para perdonar y mostrarnos misericordia. Podemos encontrar alivio en las palabras que nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: ”...cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario 723).
Jesús le habló a Santa Faustina del alma pecadora que ya esta al borde de la desesperación por sus pecados:
El alma dice: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.
Jesús: "Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida".
El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.
Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi (84) amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.
El alma: Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú, Señor...
Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen ­[374] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.
Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.
El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad, Te expresaré todo el dolor de mi corazón. Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo. Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tu me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido (85) el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.
Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.
El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí.

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.