"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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lunes, 12 de noviembre de 2012

Página sobre la Divina Misericordia



Los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, tienen una excelente página sobre la Devoción a la Divina Misericordia de Dios: 

El mensaje no es nada nuevo, es sólo un recordatorio de lo que la Iglesia siempre ha enseñado: que Dios es misericordioso, que Él perdona, y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar. 
Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje asume un nuevo enfoque poderoso, ya que nos llama a una comprensión más profunda de que el amor de Dios no tiene límites y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia (Diario, 723). Algunos de los elementos de este nuevo enfoque incluye una imagen sagrada del Salvador Misericordioso, varias oraciones nuevas y una abundancia de promesas. Pero los elementos principales son: la confianza y las obras de misericordia. 
La historia del origen y de la difusión del mensaje de la Divina Misericordia y de su devoción por todo el mundo, resulta ser fascinante. 
Comprende apariciones y revelaciones extraordinarias, respuestas milagrosas a oraciones, una escapada dramática de una Polonia devastada por la guerra, una prohibición temporal del culto por la Iglesia y el fuerte apoyo del Papa Juan Pablo II, que muy probablemente será llamado por los historiadores "el Papa de la Misericordia." 

LAS TRES "S" DE LA MISERICORDIA 

El mensaje de la misericordia es que Dios nos ama, nos ama a todos, sin importar la magnitud de nuestros pecados. Dios quiere que reconozcamos que Su misericordia es más grande que nuestros pecados, para que podamos invocarlo a Él con confianza, recibir Su misericordia y dejar que ésta fluya a través de nosotros hacia los demás. Así, todos llegaremos a compartir Su alegría. 

Es un mensaje que siempre podemos tener presente sencillamente al acordarnos de la letra "S", como el "Señor." 

SOLICITE MISERICORDIA Dios quiere que nos acerquemos a Él orando sin cesar, arrepintiéndonos de nuestros pecados y pidiendo que Él derrame Su misericordia sobre nosotros y el mundo entero. 

SEA MISERICORDIOSO Dios quiere que recibamos Su misericordia y que la dejemos fluir a través de nosotros hacia los demás. Quiere que demos amor y perdón a otros, como Él nos lo da a nosotros. 

SIN CESAR CONFÍE COMPLETAMENTE EN ÉL Dios quiere que sepamos que las gracias de Su misericordia dependen de nuestra confianza. Cuanto más confiemos en Jesús, tanto más recibiremos. 

ORACIÓN PARA OBTENER LA DIVINA MISERICORDIA ¡Oh Dios de gran misericordia! bondad infinita, hoy toda la humanidad clama, desde el abismo de su miseria, a Tu misericordia, a Tu compasión, oh Dios; y grita con la potente voz de la miseria. Dios indulgente, no rechaces la oración de los desterrados de esta tierra. Oh Señor, bondad inconcebible que conoces perfectamente nuestra miseria y sabes que por nuestras propias fuerzas no podemos ascender hasta Ti, Te imploramos, anticípanos Tu gracia y multiplica incesantemente Tu misericordia en nosotros para que cumplamos fielmente Tu santa voluntad a lo largo de nuestras vidas y a la hora de la muerte. Que la omnipotencia de Tu misericordia nos proteja de las flechas de los enemigos de nuestra salvación, para que con confianza, como Tus hijos, esperemos Tu última venida, ese día que conoces sólo Tú. Y a pesar de toda nuestra miseria, esperamos recibir todo lo que Jesús nos ha prometido, porque Jesús es nuestra esperanza; a través de Su Corazón misericordioso, como a través de una puerta abierta, entramos en el cielo (Diario de Santa Faustina, 1570).

jueves, 8 de noviembre de 2012

El perdón, en la misericordia de Dios 3/3



Si nosotros hoy nos sentimos mal por como hemos llevado nuestra vida, solo hemos de repasar las vidas de tantos santos que en su vida pasada fueron grandes pecadores, pero se arrepintieron, pidieron perdón a Dios, se perdonaron a sí mismos por amor a Dios, y en despues de su conversión llevaron una vida ejemplar.

A este respecto nos dice Nuestro Señor: "Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia..." (Diario 1146)


"A ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno." (Diario 378)


"Cuanto deseo la salvación de las almas. Mi queridisima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas estan colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras que indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo." (1784)


"Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la tierra... por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia." (1275)


Consideremos por ejemplo la vida de San Agustín, de San Pablo, de tantos santos que fueron muy pecadores y al convertirse lo hicieron de verdad, de corazón y confiaron totalmente en Dios. Como la historia de Santa María Magdalena. Una perfecta pecadora, que inicialmente lavó, besó y ungió los pies de Jesús por contrición; y después de su muerte, por devoción. A pesar de los pecados que había cometido, amaba tanto a Jesús, que se quedó con Su Madre María durante la crucifixión (Cfr. Jn 19,25). No fueron Pedro o su amado discípulo Juan, quienes llegaron primero a la tumba y quienes anunciaron la Resurección, no, ¡fue María Magdalena! ¡Qué gran esperanza debe darnos ese suceso!

Todos conocemos la historia del hijo pródigo, relatada por San Lucas en el capítulo 15, versículos 11-32. Todos hemos pasado por experiencias en la vida en las que nos hemos equivocado y nos podemos identificar con el hijo pecador, así como con nuestra propia necesidad de arrepentimiento.
El saber que el Padre es Amor y Misericordia, nos puede dar mucha seguridad, ya que sabemos que Él nunca nos rechazará cuando le roguemos misericordia. A lo largo de nuestras vidas, a veces nos vemos en situaciones en las que nos tenemos que humillar y pedir perdón a un amigo. Pero en ocasiones, no somos el que se arrepiente, sino más bien el inocente que pasaba por ahí.
Actuamos como el hermano mayor, enojados por la atención que recibió el menor, especialmente porque se ha matado al ternero gordo y se le ha puesto la túnica más costosa. Murmuramos: “Yo nunca hice lo que él, y nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.”
¿Alguna vez has visto con desdén a algún pecador arrepentido, sospechando que su conversión es una farsa y careciendo del perdón de tu corazón, te has preguntado porqué toda la atención no ha sido dirigida más bien hacia ti? La envidia del hermano mayor es tan frecuente en la sociedad de hoy.... Deberíamos regocijarnos cuando un hijo pródigo regresa, sin importar si él ó ella fue un asesino, un alcohólico, o un amigo orgulloso y arrogante, o una hija rebelde y conflictiva. Finalmente, hay momentos en nuestra vida en los que estamos llamados a ser el padre amoroso, listos para perdonar y abrazar a aquellos a quienes nos han herido. Sabemos lo que tenemos que hacer ¡pero es tan dificil!
El perdón es un acto de la voluntad, no es un sentimiento. No borra los recuerdos, pero al hacer un esfuerzo por perdonar, aún cuando no podamos personalmente pedir perdón a nuestro prójimo, empieza un lento proceso de sanación, curando nuestras heridas interiores más profundas. Comenzamos a andar el “largo y sinuoso” camino para estar en buena salud espiritual, psicológica y emocional. En virtud de que hemos cometido pecado, podemos entender el dolor del otro, y nuestras heridas nos permitirán ser un vehículo y una fuente de sanación, un icono de misericordia, irradiando amor hacia los demás.
Luchemos por esa paz interior; ya que no podremos estar en paz si estamos enojados, ansiosos o desanimados. Abramos nuestros corazones a la efusión de los rayos del Amor Misericordioso de Cristo, ya que todos queremos conocerlo de una manera más profunda. Debemos perdonar a aquellos que nos han ofendido, incluso a nosotros mismos, ya que este acto abre la puerta a Su Divina Misericordia, hace que nuestros corazones de piedra puedan absorber los rayos de la Sangre y del Agua que brotaron de Su Corazón traspasado.

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida