"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Meditar en la Dolorosa Pasión de Jesús



"(14) 25 III 1937. Jueves Santo. Durante la Santa Misa vi al Señor que me dijo: Apoya tu cabeza sobre Mi pecho y descansa. El Señor me abrazó a su Corazón y dijo: Te daré una pequeña parte de Mi Pasión, pero no tengas miedo, sino que sé valiente; no busques alivio, sino que acepta todo con  sumisión a Mi voluntad. 

Mientras Jesús se despedía de mi, un dolor tan grande estrechó mi alma que es imposible expresarlo. Me abandonaron las fuerzas físicas, Salí rápidamente de la capilla y me acosté en la cama. Me olvidé de lo que pasaba alrededor de mi, mi alma estaba deseando al Señor y toda la amargura de su Corazón divino se comunicó a mí. Eso duró no más de tres horas.

Rogué al Señor que me preservara de la vista de los que me rodeaban. Aunque traté, no pude tomar ningún alimento durante todo el día, hasta la noche. Deseaba ardientemente pasar toda la noche en la oscuridad con el Señor Jesús. Recé hasta las once, a las once el Señor me dijo: Ve a descansar, te he hecho vivir durante tres horas lo que he sufrido durante toda la noche. Y en seguida me acosté en la cama. 

Estaba completamente sin fuerzas físicas, la pasión me las quitó del todo. Todo el tiempo estaba como desmayada, cada latido del Corazón de Jesús repercutía en mi corazón y traspasaba mi alma. 

Ciertamente si ese martirio hubiera sido solamente mío, habría sufrido menos, pero cuando miraba a Aquel a quien mi corazón había amado con todas las fuerzas, que Él sufría y yo no le podía dar ningún alivio, mi corazón se despedazaba en el amor y la amargura. Agonizaba con Él y no podía morir; pero no cambiaria ese martirio por todas las dichas del mundo.

En ese sufrimiento mi amor aumentó de modo indecible. Sé que el Señor me sostenía con su omnipotencia ya que de otro modo no habría podido resistir ni un momento. Viví junto con Él toda clase de tormentos de modo singular. El mundo no conoce todavía todo lo que Jesús ha sufrido.  Le hice compañía en el Huerto de los Olivos y en la oscuridad del calabozo, en los interrogatorios de los tribunales, estuve con Él en cada etapa de su Pasión; no se ha escapado a mi atención ni un solo movimiento, ni una sola mirada Suya, conocí toda la omnipotencia de su amor y de su misericordia hacia las almas.” (D. 1053-1054)

lunes, 5 de mayo de 2014

Los mensajes que dió Nuestro Señor son para cada uno de nosotros



Recordemos que estos mensajes que dió Nuestro Señor son también para cada uno de nosotros, para cada alma.

Nos cuenta Santa Faustina: "Una vez el Señor me dijo: 

Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.

Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.

Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad."
El está siempre presente en nuestras vidas.

miércoles, 15 de enero de 2014

"No dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente"


"Una vez deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenia cierta duda y no me acerqué. Sufrí terriblemente a causa de ello. Me parecía que el corazón se me reventaría del dolor.
Cuando me dedique a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús, se puso a mi lado y me dijo:  

Hija Mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto no te detengan ningunas dudas en unirte a Mi en Mi misterio de amor. 
Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada a un gran fuego. Debes saber que Me entristeces mucho, cuando no Me recibes en la Santa Comunión." (D. 156)

lunes, 23 de diciembre de 2013

En su Pasión veo todo el mar de la misericordia


"Hoy, durante la Pasión, he visto a Jesús martirizado, coronado de espinas y con un pedazo de caña en la mano.

Jesús callaba, mientras los soldadotes rivalizaban torturándolo. Jesús no decía nada, solamente me miró; en aquella mirada sentí su tortura tan tremenda que nosotros no tenemos ni siquiera una idea de lo que Jesús sufrió por nosotros antes de la crucifixión.

Mi alma está llena de dolor y de nostalgia: sentí en el alma un gran odio por el pecado, y la más pequeña infidelidad mía me parece una montaña alta y la reparo con la mortificación y las penitencias. Cuando veo a Jesús martirizado, el corazón se me hace pedazos; pienso en lo que será de los pecadores si no aprovechan la Pasión de Jesús. En su Pasión veo todo el mar de la misericordia." (Diario 948)

martes, 3 de septiembre de 2013

Todo terminará en este valle de lágrimas, menos el Amor de Dios...



"Todo acabará en este valle de lagrimas,
Terminarán las lagrimas y cesará el dolor.

Sólo una cosa no terminará….
El amor hacia Ti, Señor.

Todo acabará en este destierro,
Las pruebas y el desierto del alma,
Y aunque el alma quede por siempre en agonía,
Si tiene a Dios, nada la turbará."

 (Diario 1132)

sábado, 25 de mayo de 2013

Cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias




"Cuando he caído nuevamente en el mismo error a pesar del propósito sincero de evitarlo, aunque esta caída era una pequeña imperfección y mas bien involuntaria, no obstante sentí en el alma un dolor tan vivo que interrumpí  mi trabajo y fui por un momento a la capilla, y caí a los pies de Jesús; con amor y con gran dolor pedí perdón al Señor, tanto mas avergonzada que por la mañana, hablando con Él después de la Santa Comunión le prometí fidelidad.

De repente escuché estas palabras: Si no hubiera sucedido esta pequeña imperfección no habrías venido a Mí. Has de saber que cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias y tu imperfección desaparece ante Mí y veo solamente tu amor y tu humildad. No pierdes nada, sino que ganas mucho….." (D. 1293)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Domingo de Ramos





“(96) El Domingo de Ramos. Este domingo experimenté de manera singular los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús; mi espíritu estaba allí donde estaba Jesús. 

Vi a Jesús montado en un burrito, y a los discípulos, y a una gran muchedumbre que iba alegre junto a Jesús con ramos en las manos; y algunos los tiraban bajo los pies donde pasaba Jesús y otros mantenían los ramos en alto, brincando y saltando delante del Señor sin saber qué hacer de alegría. 

Y vi otra muchedumbre que salió al encuentro de Jesús, con rostros igualmente alegres y con ramos en las manos, gritando sin cesar de alegría; había también niños pequeños, pero Jesús estaba muy serio; el Señor me dio a conocer lo mucho que sufría en aquellos momentos. Yo no veía nada fuera de Jesús, que tenía el Corazón saturado por la ingratitud (de los hombres].” (D. 642)

“10 IV [1938] Domingo de Ramos. Estuve en la Santa Misa, pero no tuve fuerza para ir a buscar la palma. Me sentía tan débil que apenas pude resistir durante el tiempo de la Santa Misa. 

A lo largo de la Santa Misa Jesús me dio a conocer el dolor de su alma y sentí claramente como los himnos Hosanna resonaban dolorosamente en su Sagrado Corazón. 

También mi alma fue inundada de un mar de amargura y cada Hosanna me traspasaba el corazón por completo. Toda mi alma fue atraída a la cercanía de Jesús. Oí la voz de Jesús: Hija Mía, tu compasión de Mi es un alivio para Mi, tu alma adquiere una belleza particular meditando Mi Pasión.” (D. 1657)

jueves, 10 de enero de 2013

Dios es Amor y Misericordia


"Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que empezará. Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza. Dios es Amor y Misericordia.

Una vez el Señor me dijo: Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados. Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión. Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.

Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío. A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la mas miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios. De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios." (D. 281-283)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La prueba espiritual más dura: el abandono y la desesperación (2/3)


"Ahora ya empiezo a sentir la falta de las fuerzas físicas y ya no llego a cumplir las tareas.

Ya no puedo ocultar los sufrimientos: aunque no digo ni una palabra de lo que sufro, no obstante el dolor que se refleja en mi rostro, me delata y la Superiora ha dicho que las hermanas vienen a ella y le dicen que cuando me ven en la capilla, sienten compasión por mi, tan espantoso es el aspecto que tengo. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el alma no es capaz de ocultar este sufrimiento".

"Jesús, solo Tú sabes como el alma gime en estos tormentos, sumergida en la oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados [tienen sed] del agua. Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir no puede morir.
Sus esfuerzos son nada; está bajo una mano poderosa.  Ahora su alma pasa bajo el poder del Justo. Cesan todas las tentaciones externas, calla todo lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene alrededor, toda su alma está recogida bajo el poder del justo y tres veces santo Dios. Rechazada por la eternidad.

Este es el momento supremo y solamente Dios puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de soportarla. Cuando el alma ha sido compenetrada totalmente por este fuego infernal, cae en la desesperación. Mi alma experimentó este momento cuando estaba sola en la celda.

Cuando el alma comenzó a hundirse en la desesperación, sentí que estaba llegando mi agonía, entonces cogí un pequeño crucifijo y lo estreché fuertemente en la mano; sentí que mi cuerpo iba a separarse del alma y aunque deseaba ir a las Superioras, no tenía ya las fuerzas físicas, pronuncié las ultimas palabras, confío en Tu misericordia, y me pareció que había impulsado a Dios a una ira aun mayor, y me hundí en la desesperación, y solamente de vez en cuando de mi alma irrumpía un gemido doloroso, un gemido sin consuelo. El alma en la agonía. Y me parecía que ya me quedaría en ese estado, porque no habría salido de él con mis propias fuerzas.

Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra mas. El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento nuevo. Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su alma. (D. 100-101)

jueves, 20 de diciembre de 2012

Solo Dios nos consuela en la desolación



"+ Cuando el dolor se adueña de toda mi alma
Y el horizonte oscurece como la noche,
Y el corazón esta desgarrado por la tortura de la tribulación,
Oh Jesús crucificado, Tú eres mi fuerza.
Cuando el alma ofuscada por el dolor,
Se esfuerza y lucha sin respiro,
Y el corazón agoniza en la amargura de la angustia,
Oh Jesús crucificado, esperanza de mi salvación.
Y así pasa día tras día,
Y el alma se hunde en un mar de amargura,
Y el corazón se diluye en lágrimas,
Oh Jesús crucificado, Tú me iluminas como la aurora.
Y cuando el cáliz de amargura ya rebosa,

Y todo conspira contra ella,
Y el alma vive momentos de Getsemaní,
Oh Jesús crucificado, en Ti tengo mi defensa.
Cuando el alma consciente de su inocencia
Acepta de Dios estas pruebas,
Entonces el corazón es capaz de compensar
Las molestias con el amor,
Oh Jesús crucificado, cambia mi debilidad
En omnipotencia." (Diario 1151)