"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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martes, 3 de septiembre de 2013

Todo terminará en este valle de lágrimas, menos el Amor de Dios...



"Todo acabará en este valle de lagrimas,
Terminarán las lagrimas y cesará el dolor.

Sólo una cosa no terminará….
El amor hacia Ti, Señor.

Todo acabará en este destierro,
Las pruebas y el desierto del alma,
Y aunque el alma quede por siempre en agonía,
Si tiene a Dios, nada la turbará."

 (Diario 1132)

lunes, 4 de marzo de 2013

La tristeza no vendrá a un corazón que ama la voluntad de Dios





"1937. La tristeza no vendrá a un corazón que ama la voluntad de Dios. Mi corazón, lleno de nostalgia por Dios, experimenta toda la miseria del destierro.

Avanzo con arrojo, a mi patria, aunque se hieran los pies y en este camino me alimento de la voluntad de Dios, ella es mi alimento. Sostenedme, oh felices habitantes de la patria celestial, para que vuestra hermana no pare en el camino.

Aunque hay un terrible desierto, camino con la frente alta y miro hacia el sol, es decir al misericordioso Corazón de Jesús." (D. 886) 

"En el terrible desierto de la vida,
Oh mi dulcísimo Jesús,
 Protege a las almas del desastre,
Ya que eres el manantial de la misericordia.

Que el resplandor de Tus rayos,
Oh dulce Guía de nuestras almas,
Con la misericordia cambie el mundo,
Y al recibir esta gracia, sirva a Jesús.

Debo recorrer un largo camino escarpado
Pero no tengo miedo de nada,
Porque para mi brota la fuente pura de misericordia,
Y con ella fluye la fuerza para los humildes.

Estoy agotada y rendida,
Pero la conciencia me da testimonio,
De que hago todo para la mayor gloria de Dios,
El Señor es mi descanso y mi herencia." (D. 1000)

sábado, 24 de noviembre de 2012

Este destierro no es para siempre

Primer viernes después de Corpus Christi [17 VI 1938]. 

Santa Faustina: 

"Ya el viernes después de Corpus Christi me sentí tan mal que pensé que se acercaba el momento deseado.

Apareció una fiebre alta y por la noche escupí mucha sangre. Sin embargo, en la mañana fui a recibir al Señor Jesús, pero yo no pude quedarme a la Santa Misa. Por la tarde, la fiebre bajó repentinamente a 35,8.

Me sentía tan débil que tuve la sensación como si todo en mi estuviera muriendo. Pero cuando me
sumergí en una oración más profunda, conocí que no era todavía el momento de la liberación, sino una
llamada más cercana del Esposo.

Al encontrarme con el Señor,  le dije: Me engañas, Jesús, me enseñas la puerta abierta del cielo y me dejas nuevamente en la tierra. Y el Señor me dijo: Cuando veas en el cielo tus días actuales, te alegrarás y querrás ver tantos como sea posible. No Me extraña, hija Mía, que ahora no logres comprender esto, ya que tu corazón esta desbordado de dolor y de anhelo por Mi. Me gusta tu vigilancia; te baste Mi palabra que ya no queda mucho.

Y otra vez mi alma se encontró en el destierro. Me uní cariñosamente a la voluntad de Dios, sometiéndome a sus amorosos designios".

(D.  1786-1787)