"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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jueves, 26 de mayo de 2016

El devoto de Jesús Misericordioso debe ser una imagen viviente de su misericordia


         La devoción a Jesús Misericordioso debe traducirse en actos concretos de misericordia para con nuestros prójimos; de lo contrario, se convierte en un mero pietismo, vacío de todo significado. Esto es así, porque la fe debe traducirse en obras, tal como lo enseña Nuestro Señor en el Evangelio: “Lo que habéis hecho a uno de estos pequeños, a Mí me lo habéis hecho” (Mt 25, 40). Esto significa que todo lo que hacemos a nuestro prójimo, en el bien o en el mal, se lo hacemos a Jesús, que misteriosamente inhabita en él, y es la razón por la cual, si somos misericordiosos para con nuestros prójimos, recibiremos misericordia de parte suya: “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia” (Mt 5, 7). Y el Apóstol Santiago dice: “El juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia” (Sant 2, 13). El mismo Apóstol nos advierte que “la fe, sin obras, es una fe muerta” (Sant 2, 17). La misericordia demostrada para con nuestro prójimo será, por lo tanto, nuestro “pasaporte” para el Reino de los cielos. ¿De qué manera podemos ponerla por práctica? Además de las obras de misericordia corporales y espirituales que nos recomienda la Iglesia, Santa Faustina Kowalska, en su oración para ser misericordiosa, nos enseña de qué manera podemos, en el día a día, ser misericordiosos. Su oración dice así: “Oh Señor, Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo. Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla. Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos. Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas. Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí”[1].
         Santa Faustina pide ser “transformada en la misericordia” de Jesús, toda ella, con su cuerpo: ojos, para no juzgar y ver lo bueno en los demás; oídos, para estar atentos a las necesidades de los otros; lengua, para no solo no hablar mal, sino para tener palabras de consuelo y perdón; manos, para que hacer solo obras buenas; pies, para ir en auxilio del que más lo necesita; corazón, para compadecerse de los sufrimientos del prójimo.
         Lo que Santa Faustina nos enseña es que el devoto de Jesús Misericordioso tiene que ser una imagen viviente suya, no por las palabras, sino por las obras de misericordia, de manera tal que el prójimo vea, en el devoto de Jesús Misericordioso, a Jesús Misericordioso en Persona.



[1] Cfr. Santa Faustina Kowalska, Diario, 163

martes, 26 de mayo de 2015

El que recibe misericordia debe dar misericordia


         En sus memorias, Santa Faustina relata cómo la Divina Misericordia proviene a través del Sagrado Corazón traspasado de Jesús: “El viernes, durante la Santa Misa, siendo mi alma inundada por la felicidad de Dios, oí en el alma estas palabras: “Mi misericordia pasó a las almas a través del Corazón divino-humano de Jesús, como un rayo de sol a través del cristal”. Sentí en el alma y comprendí que cada acercamiento a Dios nos fue dado por Jesús, en Él y por Él”[1]. La visión de Sor Faustina nos muestra que Dios Padre no se queda en palabras cuando nos da su Divina Misericordia: nos brinda su Divina Misericordia a través del don del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de su Hijo Jesús, entregado en la cruz y renueva esta entrega cada vez, en la Santa Misa y también nos brinda su Divina Misericordia en el perdón de los pecados, a través del Sacramento de la Reconciliación. Es una obra concreta de misericordia, que debe ser agradecida por medio de obras concretas de misericordia.
Ésa es la razón por la cual el cristiano, al recibir la Misericordia Divina de parte de Dios, no puede no hacer lo mismo para con su prójimo. Si un cristiano recibe a la Divina Misericordia y luego, ya sea por pereza o por malicia –guarda rencor-, no comunica de esa misma misericordia recibida a su prójimo, hace vano el don recibido, porque demuestra que su fe es una fe muerta. Lo dice la Escritura: “Muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18). Quien tiene fe, obra de acuerdo a esa fe; quien tiene fe en Jesús Misericordioso, obra la misericordia para con su prójimo, sin importar si este prójimo es amigo o enemigo; aún más, obrará la misericordia para con sus enemigos, porque ése es el Mandamiento de la Caridad de Jesús: “Éste es mi mandamiento nuevo: ámense unos a otros, como Yo los he amado” (Jn 13, 34).
Que sea absolutamente necesario obrar la misericordia, lo dice el mismo Jesús a Sor Faustina –y por extensión, a todo devoto de la Divina Misericordia-: “Hija mía (…) Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte”[2]. Luego, Jesús da las indicaciones de cómo se debe ejercer la misericordia: “Te doy tres formas de ejercer la misericordia al prójimo: la primera –la acción, la segunda –la palabra, la tercera –la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia”[3] (en realidad, en el orden de la práctica diaria, a la acción y a la palabra le debe preceder la oración. De estas tres formas, cada uno debe obrar según las posibilidades de su estado de vida: algunos podrán hacerlo solo mediante la oración; otros, solo mediante la palabra; otros, con la oración, la palabra y la acción, pero nadie está exento de obrar la misericordia, ése es el mensaje y la advertencia de Jesús. Cada uno verá cómo obra la misericordia, pero nadie puede decir: “Yo no obro la misericordia”.
Entonces, esto quiere decir que no basta con la simple devoción a Jesús Misericordioso, si puedo hacer una obra de misericordia con la palabra, “dando consejo a quien lo necesita”; no basta con rezar, si se puede obrar; no basta con asistir a Misa el día de la Divina Misericordia y quedarse cruzados de brazos, sin hacer nada, pudiendo hacerlo: quien ha recibido a Jesús Misericordioso en su corazón, debe comunicar de esa misericordia, por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales -las que están prescriptas por la Iglesia-; sólo de esa manera, demostrará que ama, que alaba y adora a la Divina Misericordia, solo con obras, precedidas de la oración. Quien recibe misericordia de parte de Dios, pero no la comunica al prójimo, cerrándose en su egoísmo, rechaza la misericordia que recibió y se vuelve impermeable para recibir más misericordia. Sólo quien es misericordioso para con su prójimo se convertirá, para su prójimo y para el mundo, en una imagen viviente de Jesús Misericordioso, que es el fin por el cual él mismo recibió misericordia. Cuando Jesús se a conocer a un alma, por medio de la Divina Misericordia, lo hace para que esa alma no se guarde para sí el amor recibido, sino para que lo ame, lo alabe y lo glorifique, dando amor a los demás, transformándose en una imagen viviente suya, y esto sucede cuando el alma hace oración, predica la misericordia y obra la misericordia.



[1] Diario. La Divina Misericordia en mi alma, n. 528.
[2] Cfr. ibidem, n. 742.
[3] Cfr. ibídem.

sábado, 19 de octubre de 2013

Explicación de las obras de Misericordia



El Padre Pedro Nuñez nos explica sobre las obras corporales y espirituales de Misericordia



Obras de misericordia corporales



Obras de misericordia espirituales


miércoles, 28 de agosto de 2013

Yo siempre estoy contigo



"6 IX 1937. Hoy tengo el cambio de tarea, del jardín al desierto de la puerta. Fui a conversar un momento con el Señor, le he pedido la bendición y la gracia de cumplir fielmente con la tarea que me fue asignada.

Escuché estas palabras: Hija Mía, Yo siempre estoy contigo; te he dado la posibilidad de ejercitarte en las obras de misericordia que harás en conformidad con la obediencia. Me darás un gran placer si cada día, al anochecer hablas Conmigo especialmente de este deber. 

He sentido que Jesús me había dado una nueva gracia para este trabajo, pero a pesar de ello me he ocultado más profundamente en su Corazón." (D.1267)

miércoles, 26 de junio de 2013

Con las obras de misericordia damos testimonio del amor de Dios


"Hija Mía  si por medio de ti exijo de los hombres el culto a Mi misericordia, tú debes ser la primera en distinguirte por la confianza en Mi misericordia. 

Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mi. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte.

Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo  la primera – la acción, la segunda – la palabra, la tercera – la oración. 

En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mi. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia..."

(D.742)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Sin obras de misericordia no entraremos en el Reino de los cielos


"La misericordia es el amor que se esfuerza por aliviar la miseria de otro. Es un amor activo, derramado sobre otros para sanar, consolar, confortar, perdonar y quitar el sufrimiento. Es el amor que Dios nos ofrece y es el amor que Él exige de cada uno de nosotros hacia el prójimo:

"Les doy un mandamiento nuevo... ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado" (Juan 13, 34). "Sean compasivos, como su Padre es compasivo" (Lucas 6, 36).
Repetidas veces la Sagrada Escritura nos recuerda que la medida que usemos con otros, Dios la usará con nosotros (Lucas 6, 38), porque ciertamente Él "nos perdonará nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6, 12-14).

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mateo 5, 7), pero "el jucio será sin misericordia para el que no ha tenido misericordia" (Santiago 2, 13). Las parábolas del buen samaritano, el hombre rico y Lázaro, el siervo que no quería perdonar, nos demuestran esta verdad esencial: solamente dando misericordia podemos esperar recibirla; ya que seremos juzgados según nuestras acciones misericordiosas hacia otros: "Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer..." (Mateo 25, 35-46).

Nuestro Señor le habló a Santa Faustina sobre la importancia de las obras de misericordia durante varias ocasiones:

Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte... porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742). Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio (1317).

¿Cómo ponemos la misericordia en práctica? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones, haciendo obras corporales y espirituales de misericordia y desarrollando una actitud de misericordia en nuestras vidas diarias. Cada día podemos responder a la gente y a las circunstancias que encaramos sumergiéndolas en el mar de la misericordia de Dios. En vez de "maldecir la oscuridad" y desesperarnos sobre la condición del mundo, bendecimos al mundo con la misericordia de Dios y así dejamos que Dios lo sane.

Tomado del libro La Divina Misericordia Mensaje y Devoción.
Fuente: ladivinamisericordia.org

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Para qué sigo viviendo?

A veces encontramos personas que dicen “ya no sé para que vivo” o nosotros mismos tal vez por alguna situación podemos llegar a pensarlo, quien dice esto siente que ya no tiene 'por qué o para qué vivir', sin embargo Nuestro Señor Jesucristo nos da la solución a esto, en uno de los Mensajes.

Nos dice Santa Faustina: “Cuando, poco tiempo después de mis primeros votos, me enfermé y a pesar del Cordial y cariñoso cuidado de las Superioras, a pesar de los tratamientos médicos, no estaba ni mejor ni peor, entonces empezaron a llegarme voces de que fingía. Y así comenzó mi sufrimiento, se duplicó y duro un tiempo bastante largo. Un día me quejé ante Jesús que yo era una carga para las hermanas. Me contestó JesúsNo vives para ti, sino para las almas. Otras almas se beneficiarán de tus sufrimientos. Tus prolongados sufrimientos les darán luz y fuerza para aceptar mi Voluntad.” (Diario 67)


Como vemos Santa Faustina sufría mucho y se creía inútil, como nos pasa muchas veces a todos. En este caso debemos hacer lo que dice Nuestro Señor y ofrecer nuestros sufrimientos por otras almas que viven en pecado y que están a punto de condenarse por vivir apartadas de Dios.


Y no solo los sufrimientos sino también nuestras oraciones, como ya hemos visto el rezo de la Coronilla de la Misericordia puede ayudar a un moribundo que le falta confianza en la Misericordia de Dios, y con nuestra oración podemos ayudarle para que no se vaya al infierno.

Y también con nuestro Rosario, por la conversión de los pecadores, esto incluso sin salir de casa.

Y si queremos podemos hacer varias obras de Misericordia, las espirituales son:
1.Enseñar al que no sabe.

2. Dar buen consejo al que lo necesita.

3. Corregir al que se equivoca.
4. Perdonar las ofensas
5. Consolar al triste.
6. Soportar con paciencia los defectos del prójimo
7. Rezar a Dios por los vivos y difuntos.

Que mejor que vivir el resto de tiempo que nos quede de vida ayudando espiritualmente a otros, y aparte adquirimos méritos para el cielo.

Cuando escuchemos a alguien decir “ya no tengo por qué vivir” digámosle puedes vivir para ayudar a las almas, pues si a alguien lo tiene Dios con vida en esta tierra es para ser útil y ayudar a otros a que se salven. Y así no llegar al día de nuestro juicio con las manos vacías.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Obras de Misericordia, el verdadero espíritu navideño


Ante la proliferación prematura de "santa clauses", renos, nieve, y propaganda abrumadora instando al consumismo, como preludio de Navidad, ofrecemos este artículo, en el que se destaca el verdadero espíritu navideño con el que una parroquia de EE. UU. vive en anticipo la Navidad: obrando la misericordia.


Comparta la alegría de la temporada navideña haciendo obras de misericordia 


Mientras se aproxima la Navidad, piense cómo el Niño en el pesebre, obediente al Padre, se ofreció así Mismo por nuestra salvación: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3, 16).

Cristo vino a salvarnos de nuestros pecados para que nos hiciéramos hijos de Dios y compartir con Él en el cielo.
Un regalo tan inmenso debería llenar nuestros corazones con tal gratitud y regocijo en la Navidad. El ejemplo de nuestro Salvador debería motivarnos para amar sin medida y sacrificarnos por el bien de nuestro prójimo.

Nosotros podemos hacer eso en esta Navidad haciendo obras de misericordia para los más necesitados. Nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: "Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes" (Diario, 742).

Con ese espíritu navideño, los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción junto con los Auxiliares Marianos, comparten la alegría de la temporada de Navidad ayudando a los más necesitados.

Llevar alegría a los ancianos y enfermos
El Padre Mark Baron, MIC, maestro de novicios en Washington, D.C., dice que el día de la Navidad los Marianos allí visitan un asilo que provee un hogar a hombres y mujeres ancianos que no tienen los medios financieros para vivir en otro lugar. Cada Navidad, el Padre Mark y los seminaristas Marianos visitan el asilo para cantar villancicos.

Los Marianos también visitan una residencia para hablar con las personas que viven allí porque no tienen un hogar, están enfermos de sida o son enfermos terminales. "Les hablamos de Jesús y del significado de la Navidad y celebramos la Santa Misa," dijo el Padre Mark.

El arbolito del Santuario Nacional
Madres solteras, muchas de ellas adolescentes, están entre los más necesitados en la Navidad. Cada año, ellas y sus hijos ocupan un lugar especial en las mentes y los corazones de los Marianos en el Santuario Nacional de la Divina Misericordia en Stockbridge, Massachusetts.

Cada año los Marianos colocan un arbolito en el Santuario y en cada ornamento escriben la "lista de deseos" de una madre. Los Marianos, peregrinos y empleados del Santuario escogen algún ornamento y cumplen la petición escrita.
Usualmente, las peticiones incluyen artículos como cobijas, pañales, tarjetas de regalo y telefónicas. Incluso hace algunos años, una de ellas recibió dinero para pagar sus deudas.

Obras de misericordia en la parroquia
En Sewell, Nebraska, el Padre Randall Langhorst está a cargo de una parroquia que acoge el mensaje de la Divina Misericordia y llevan a cabo obras de misericordia, no sólo durante la Navidad sino también durante el resto del año.

Las obras de la parroquia a lo largo del año incluyen proveer alimentos y prendas de vestir a gente necesitada, recolectar artículos para bebés, rezar por causas pro-vida, ofrecer Misas por las almas del purgatorio, ayudar a la Sociedad de San Vicente de Paul y su misión, regalar material de la Divina Misericordia, y participar en varias cadenas de oración.

Durante la temporada navideña, la parroquia redobla sus esfuerzos para servir a los necesitados. Los feligreses colectan regalos para niños, ancianos y personas que carecen de recursos, distribuyen canastas de comidas y les mandan paquetes a las tropas.

Mientras usted y sus seres queridos se preparan para la Navidad, recuerde al Niño en el pesebre. Recuerde la razón de por qué vino al mundo y de gracias a Dios a través de actos misericordiosos hechos por amor a Jesús.

jueves, 8 de noviembre de 2012

5 formas de propagar Su Misericordia: imagen, fiesta, coronilla, novena, hora de la Misericordia, y obras de misericordia


 Para propagar la Devoción a la Divina Misericordia, hay cinco formas, reveladas por el Señor a Santa María Faustina: la imagen de la misericordia, la fiesta de la misericordia, la coronilla y la novena, la hora de la misericordia, y llevar la Misericordia de Dios a los demás. 

La imagen de Jesús Misericordioso:
El 22 de febrero de 1931, santa Faustina recibió la primera revelación de la Misericordia de Dios, ella lo anota así en su diario: "En la noche cuando estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir y, con la otra mano, se tocaba el vestido, que aparecía un poco abierto en el pecho, brillaban dos rayos largos: uno era rojo y, el otro blanco. Yo me quedé en silencio contemplando al Señor. Mi alma estaba llena de miedo pero también rebosante de felicidad. Después de un rato, Jesús me dijo: Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti!." Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria. Por orden de su confesor Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió: "Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fue abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí". Yo le ofrezco a todos un instrumento por el cual podrán recibir gracias de la fuente de misericordia.
Este instrumento es la imagen con la inscripción; “Jesús, en ti confió.” Fiesta de la DM: se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. “Deseo que esta fiesta sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias..” El 30 de abril del año 2000, durante la canonización de Sta. María Faustina, SS Juan Pablo II proclamó oficialmente que el segundo domingo de Pascua sera la fiesta de la Divina Misericordia Dijo en esa ocasión, “En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros.” 

La coronilla y la novena: 
“A las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias.” (D. 737) El 13 de sept. 1935: tiene una visión de un ángel que va a ejecutar la justicia de Dios, sus oraciones no aplacan esta justicia. Se le es revelada la oración de la coronilla. “Padre eterno te ofrezco...... por su dolorosa pasión” Diario 848: “Oh, que gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de mi Misericordia se enternecen por quienes rezan esta coronilla. Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de estos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos.” 
Sor Faustina escribió en su Diario: reza la coronilla durante los nueve días que preceden a la Fiesta de la Misericordia, comenzando el día de Viernes Santo. Entonces, me dijo: Por esta novena concederé todas las gracias posibles a las almas (D. 11, 197). Palabras de Nuestro Señor que Sor Faustina tomó por escrito: Deseo que durante estos nueve días encamines almas hasta el manantial de Mi misericordia, para que encuentren allí la fortaleza, el refugio y toda aquella gracia que necesiten en las penalidades de la vida, y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi corazón un grupo de almas diferentes y las sumergirás en el océano de Mi misericordia y Yo conduciré todas esas almas a la mansión de Mi Padre... Todos los días implorarás a Mi Padre gracias para esas almas en atención a los méritos de mi amarga Pasión. Yo (Sor Faustina) contesté: Jesús, no sé cómo hacer esta novena y qué almas traer al abrigo de Tu Compasivo Corazón. Jesús contestó que El me haría saber qué almas encaminar hasta su corazón cada día. (Diario HI, pp. 57-65). 

La hora de la Gran Misericordia:
El 10 de octubre de 1937, Sor Faustina recibió instrucciones del Señor concerniente a otro elemento principal de la devoción a la Divina Misericordia; esto es, La Hora de Gran Misericordia: “A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión”. Jesús desea que a las tres de la tarde los hombres se sumerjan en su Divina Misericordia, es la hora en que la misericordia triunfó sobre la justicia. Fue la hora de gracia para el mundo entero, la hora en que el Señor se entregó por nuestros pecados y nos dió la salvación. El Señor pide que en esa hora veneremos su misericordia y que confiemos totalmente en Él, pidiendole todo lo que necesitemos y le dijo a Santa Faustina, “Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones.” (D. 1578) Dar la misericordia que hemos recibido: “Hija mía, contempla Mi Corazón Misericordioso y reproduce su compasión en tu corazón y en tus acciones, de modo que tú misma, que proclamas al mundo Mi Misericordia, seas inflamada por ella.” (D. 1688) 

Obras de Misericordia, corporales y espirituales, para con el prójimo más necesitado:
Durante el retiro de octubre de 1936 se le dio a Sor Faustina, indicaciones explícitas sobre lo que constituye la verdadera devoción de la Divina Misericordia: “Hija mía si es que Yo reclamo a la gente, a través tuyo la devoción de Mi misericordia, debes ser tú la primera en distinguirte en esta confianza en Mi misericordia. Yo exijo de ti actos de misericordia, que deben realizarse por amor a Mí. Tú debes mostrar misericordia a tu prójimo siempre y en todas partes. No debes acobardarte ante esto o tratar de excusarte o de dispensarte de esto. Te estoy dando tres medios de ejercitar misericordia con tu prójimo: el primero por obra, el segundo de palabra, y el tercero por la oración. En estos tres grados está contenida la totalidad de la misericordia y es una prueba de tu amor por Mí. Por estos medios un alma glorifica y da tributo a Mi misericordia.” (D. 742) El corazón de Santa Faustina ardió de tanto amor y misericordia por las almas, que el 25 de octubre de 1936, la Hermana escribió en su diario: “Yo lucharé contra el mal, con el arma de la misericordia. Me quema el deseo de salvar almas. Me cruzaría todo el largo y el ancho de la tierra y llegaría hasta el último confín, para salvar almas por medio de la oración y sacrificio, deseo que todas las almas glorifiquen la misericordia de Dios”. “Hija mía deseo que tu corazón sea formado a semejanza de Mi Corazón Misericordioso. Debes ser impregnada completamente de mi Misericordia” (167) Un pequeño acto de misericordia es un acto perpetuo. 
Por: Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM