"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 26 de octubre de 2016

“Anunciarás al mundo mi Segunda Venida”



“Anunciarás al mundo mi Segunda Venida”
El mensaje central de Jesús Misericordioso a Santa Faustina Kowalska es que la Humanidad debe volverse a Él, que es la Misericordia de Dios encarnada, porque de lo contrario, “no tendrá paz”, y que Él está a punto de venir, en su Segunda Venida gloriosa: “Esta imagen es la última tabla de salvación para el hombre de los Últimos Tiempos (…) La humanidad no encontrará la paz, hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia (…) Doy a la humanidad un vaso del cual beber, y es esta imagen (…) Anunciarás al mundo mi Segunda Venida”. Además, de las palabras de Jesús, se puede observar que parte también esencial del mensaje es que quien no quiera aprovechar la Misericordia de Dios, deberá comparecer ante la Justicia Divina: “Quien no quiera pasar por las puertas de mi Misericordia, deberá pasar por las puertas de mi Justicia”.
Al repasar los aspectos centrales de la Devoción de Jesús Misericordioso, el mensaje que nos queda entonces es el siguiente: debemos volcarnos a la Misericordia Divina, encarnada y visible en Jesucristo; debemos poner toda nuestra confianza en Jesús Misericordioso, para obtener la paz del corazón; debemos aprovechar su Misericordia en esta tierra, si no queremos sufrir el peso de la Divina Justicia por la eternidad; la imagen de Jesús Misericordioso es la última devoción hasta el fin de los tiempos; la imagen de Jesús Misericordioso es una señal dada por el cielo, de que su Segunda Venida en la gloria está cerca, tal vez más cerca de lo que pensamos.
Para no caer en falsos e inútiles alarmismos –siempre presentes cuando se habla de la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo-, es conveniente tener presente que, más allá de si su Segunda Venida está más o menos cerca, lo que importa es estar siempre en gracia de Dios, lo cual quiere decir, aprovechar la Divina Misericordia. Pero a su vez este aprovechamiento implica, necesaria e indispensablemente, la conversión interior del corazón a Jesucristo, lo cual quiere decir apartarnos del camino del pecado y seguir por el camino de la Cruz, en la negación de sí mismo, todos los días, para morir al hombre viejo. De otro modo, no hay conversión posible y no hay, por lo tanto, aprovechamiento de la Misericordia Divina, tal como lo pide Jesús. Quien se sumerge en la Misericordia Divina, nada debe temer, pues vive al amparo de la ira del Padre, que se desatará justamente por nuestros pecados de tal manera en el Último Día que “Hasta los ángeles de Dios temblarán ese Día”, le dijo la Virgen a Santa Faustina.
“Anunciarás al mundo mi Segunda Venida”, le dice Jesús a Sor Faustina, y un signo de que su Segunda Venida en la gloria está cerca, es la imagen de Jesús Misericordioso. Y aunque no sepamos “ni el día ni la hora”, estemos preparados y atentos, vigilantes, con las lámparas encendidas, con la fe activa y operante, esperando el regreso de Nuestro Señor hoy, en diez años, en cincuenta años.


jueves, 26 de mayo de 2016

El devoto de Jesús Misericordioso debe ser una imagen viviente de su misericordia


         La devoción a Jesús Misericordioso debe traducirse en actos concretos de misericordia para con nuestros prójimos; de lo contrario, se convierte en un mero pietismo, vacío de todo significado. Esto es así, porque la fe debe traducirse en obras, tal como lo enseña Nuestro Señor en el Evangelio: “Lo que habéis hecho a uno de estos pequeños, a Mí me lo habéis hecho” (Mt 25, 40). Esto significa que todo lo que hacemos a nuestro prójimo, en el bien o en el mal, se lo hacemos a Jesús, que misteriosamente inhabita en él, y es la razón por la cual, si somos misericordiosos para con nuestros prójimos, recibiremos misericordia de parte suya: “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia” (Mt 5, 7). Y el Apóstol Santiago dice: “El juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia” (Sant 2, 13). El mismo Apóstol nos advierte que “la fe, sin obras, es una fe muerta” (Sant 2, 17). La misericordia demostrada para con nuestro prójimo será, por lo tanto, nuestro “pasaporte” para el Reino de los cielos. ¿De qué manera podemos ponerla por práctica? Además de las obras de misericordia corporales y espirituales que nos recomienda la Iglesia, Santa Faustina Kowalska, en su oración para ser misericordiosa, nos enseña de qué manera podemos, en el día a día, ser misericordiosos. Su oración dice así: “Oh Señor, Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo. Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla. Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos. Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas. Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí”[1].
         Santa Faustina pide ser “transformada en la misericordia” de Jesús, toda ella, con su cuerpo: ojos, para no juzgar y ver lo bueno en los demás; oídos, para estar atentos a las necesidades de los otros; lengua, para no solo no hablar mal, sino para tener palabras de consuelo y perdón; manos, para que hacer solo obras buenas; pies, para ir en auxilio del que más lo necesita; corazón, para compadecerse de los sufrimientos del prójimo.
         Lo que Santa Faustina nos enseña es que el devoto de Jesús Misericordioso tiene que ser una imagen viviente suya, no por las palabras, sino por las obras de misericordia, de manera tal que el prójimo vea, en el devoto de Jesús Misericordioso, a Jesús Misericordioso en Persona.



[1] Cfr. Santa Faustina Kowalska, Diario, 163

jueves, 26 de noviembre de 2015

"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia"


“La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia”[1]. El mensaje dado por Jesús a Sor Faustina es válido tanto para una persona en particular, como para toda la Humanidad en su conjunto. La paz de la que habla Jesús no es la paz del mundo, sino la paz que da Él, que es la paz de Dios, es la paz que sobreviene al alma cuando le es quitado, por la gracia santificante, aquello que la enemistaba con Dios y que por lo tanto la privaba de la paz, y es el pecado. Sólo Jesús da la verdadera paz, la paz que brota de un corazón en gracia, un corazón en amistad con Dios y con el prójimo, un corazón sin las tinieblas del mal y del pecado, porque ha sido lavado y santificado por la Sangre del Cordero.
En nuestros días, vemos cómo crecen, minuto a minuto, tanto las guerras, a nivel de naciones –conflictos armados de todo tipo, terrorismo, narcotráfico, violencias de todo tipo, etc.-, como la discordia y la violencia a nivel de familias y personas individuales. Todo sucede como consecuencia del alejamiento de nuestra moderna sociedad del Siglo XXI, de Dios, de sus Mandamientos, de su Voluntad y de su Amor. Sin Dios, que es Luz, Amor y Paz, la humanidad inevitablemente se ve envuelta en las tinieblas, en el odio y en la guerra, es decir, en la discordia, la cual, a los ojos de Dios, es “peor que la hechicería” (cfr. 1 Sam 15, 23). Si la hechicería, la brujería, el satanismo, son prácticas abominables a los ojos de Dios, lo es mucho más la discordia, la falta de paz entre los hombres, originada en la falta de amor a Dios, porque sólo en Dios puede el hombre amar a su prójimo y por lo tanto, estar en paz con él. Sin Dios, el hombre no ama verdaderamente a su prójimo y lo convierte en un instrumento para satisfacer sus pasiones, su egoísmo, sus necesidades.
“La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia”. Tanto a nivel de nación, como a nivel personal y familiar, es necesario elevar la mirada a Jesús Misericordioso y, con el corazón contrito y humillado, implorar su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero, porque sólo  así obtendremos la paz, la verdadera paz, la que brota del Corazón Misericordioso de Jesús.




[1] Diario de Sor Faustina, 300

miércoles, 26 de agosto de 2015

Qué representa la imagen de Jesús Misericordioso


         Cuando Jesús Misericordioso se le apareció a Santa Faustina[1], lo hizo tal como se lo ve en la imagen de la Divina Misericordia: de pie, con una túnica blanca, con la mano en alto, en actitud de bendecir, y con dos rayos de luz, uno rojo y otro blanco, que brotaban de su Corazón. La imagen es sumamente importante, tal vez lo más importante en la vida, luego de la Eucaristía y de la Virgen, para obtener la salvación eterna, porque es un “recipiente” para recoger las gracias, al tiempo que es también la “última tabla de salvación para el hombre de los últimos tiempos”, puesto que ya no habrán más devociones hasta el Día del Juicio Final.
Además, la imagen es importante porque en ella están condensados los misterios principales de la fe y porque a través de ella el alma se predispone a recibir lo que representan los misterios de la fe, que es la Divina Misericordia. Fue el mismo Jesús quien le reveló todo lo relativo a la imagen: que fuera venerada, primero en la capilla y luego en todo el mundo y luego le reveló las promesas y el significado de la imagen.
Con respecto a la veneración de la imagen, Jesús le dijo así: “Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: “Jesús, en ti confío”. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero”[2].
También le reveló las promesas ligadas a la veneración de la imagen, que son el triunfo sobre sus enemigos –el demonio, el pecado y la muerte- y la vida eterna: “Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria”[3].
Con respecto al significado de la imagen, Jesús le dijo a Sor Faustina que es un “recipiente” con el que se recogen las gracias que brotan de Él, que es la Fuente de la Misericordia: “Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Este recipiente es esta imagen con la firma: Jesús en Ti confío”[4]. La imagen es un recipiente, no la fuente, pero si es un recipiente, quiere decir que cuanto más acudamos a la imagen, más gracias recibiremos, así como alguien, cuanto más va a un río a recoger agua con una gran vasija, tanta más agua obtiene. La imagen es también, en consecuencia, un recordatorio de las gracias que recibimos de su Sagrado Corazón; es un recordatorio y no la realidad, porque la realidad es el Sagrado Corazón de Jesús, fuente misericordiosa de gracias que se derraman sobre las almas desde el momento en el que el Corazón de Jesús es traspasado por la lanza. Cuando el Corazón de Jesús es traspasado, con la Sangre y el Agua se hacen visibles los rayos que brotan del mismo Corazón, y el motivo por el que se hacen visibles, es para representar la gracia invisible que se nos brinda a través de todos los sacramentos de la Iglesia, entre ellos, principalmente –por ser los más frecuentes- el Bautismo, la Eucaristía y la Confesión sacramental. 
Es decir, a través de la Sangre y el Agua, que son visibles, se nos dona el Amor misericordioso de Dios, el Espíritu Santo, que nos comunica su gracia –invisible- por medio de los sacramentos.
Según las palabras de Jesús, en los rayos de la imagen está representado el contenido de su Sagrado Corazón, la Sangre –rayo rojo- y el Agua –rayo blanco-, que justifican y dan vida eterna a las almas, además de protegerlas de la indignación de Dios Padre: “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…) Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizado fue abierto en la cruz por la lanza” (…) “Estos rayos protegen a las almas de la indignación Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la mano justa de Dios”[5]. Es decir, el que se refugia en la Divina Misericordia, no tendrá que pasar por la Divina Justicia, pero quien no acuda a la imagen de Jesús Misericordioso para refugiarse en ella, deberá pasar por la Divina Justicia: “Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia”[6].
Por último, Jesús le dice a Sor Faustina que la grandeza de la imagen no radica en la belleza del color ni en la cualidad del artista plástico, sino en la gracia de Jesús: “No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia”[7].
Entonces, la imagen es fuente de gracias, al tiempo que un recordatorio para el hombre: si recibió misericordia a través de la imagen, debe dar misericordia: “A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas, ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”[8]. Nos recuerda, por lo tanto, que la salvación no depende sólo de la fe, sino también de las obras de misericordia: “Muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18). Es decir, se necesita tener fe sobrenatural para ver y creer en lo que significa la Imagen, la Divina Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús derramándose en la Cruz, pero al mismo tiempo, hay que ser misericordiosos, para imitar a Cristo, que murió en la cruz para darnos su Divina Misericordia: “Les doy un mandamiento nuevo: que, como Yo os he amado, así os améis los unos a los otros”. (Jn 13, 34).




[1] El 22 de Febrero del 1931.
[2] Diario 47.
[3] Diario 48.
[4] Diario 327.
[5] Diario 299.
[6] Diario 1146.
[7] Diario 313.
[8] Diario 742.

martes, 26 de mayo de 2015

El que recibe misericordia debe dar misericordia


         En sus memorias, Santa Faustina relata cómo la Divina Misericordia proviene a través del Sagrado Corazón traspasado de Jesús: “El viernes, durante la Santa Misa, siendo mi alma inundada por la felicidad de Dios, oí en el alma estas palabras: “Mi misericordia pasó a las almas a través del Corazón divino-humano de Jesús, como un rayo de sol a través del cristal”. Sentí en el alma y comprendí que cada acercamiento a Dios nos fue dado por Jesús, en Él y por Él”[1]. La visión de Sor Faustina nos muestra que Dios Padre no se queda en palabras cuando nos da su Divina Misericordia: nos brinda su Divina Misericordia a través del don del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de su Hijo Jesús, entregado en la cruz y renueva esta entrega cada vez, en la Santa Misa y también nos brinda su Divina Misericordia en el perdón de los pecados, a través del Sacramento de la Reconciliación. Es una obra concreta de misericordia, que debe ser agradecida por medio de obras concretas de misericordia.
Ésa es la razón por la cual el cristiano, al recibir la Misericordia Divina de parte de Dios, no puede no hacer lo mismo para con su prójimo. Si un cristiano recibe a la Divina Misericordia y luego, ya sea por pereza o por malicia –guarda rencor-, no comunica de esa misma misericordia recibida a su prójimo, hace vano el don recibido, porque demuestra que su fe es una fe muerta. Lo dice la Escritura: “Muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18). Quien tiene fe, obra de acuerdo a esa fe; quien tiene fe en Jesús Misericordioso, obra la misericordia para con su prójimo, sin importar si este prójimo es amigo o enemigo; aún más, obrará la misericordia para con sus enemigos, porque ése es el Mandamiento de la Caridad de Jesús: “Éste es mi mandamiento nuevo: ámense unos a otros, como Yo los he amado” (Jn 13, 34).
Que sea absolutamente necesario obrar la misericordia, lo dice el mismo Jesús a Sor Faustina –y por extensión, a todo devoto de la Divina Misericordia-: “Hija mía (…) Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte”[2]. Luego, Jesús da las indicaciones de cómo se debe ejercer la misericordia: “Te doy tres formas de ejercer la misericordia al prójimo: la primera –la acción, la segunda –la palabra, la tercera –la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia”[3] (en realidad, en el orden de la práctica diaria, a la acción y a la palabra le debe preceder la oración. De estas tres formas, cada uno debe obrar según las posibilidades de su estado de vida: algunos podrán hacerlo solo mediante la oración; otros, solo mediante la palabra; otros, con la oración, la palabra y la acción, pero nadie está exento de obrar la misericordia, ése es el mensaje y la advertencia de Jesús. Cada uno verá cómo obra la misericordia, pero nadie puede decir: “Yo no obro la misericordia”.
Entonces, esto quiere decir que no basta con la simple devoción a Jesús Misericordioso, si puedo hacer una obra de misericordia con la palabra, “dando consejo a quien lo necesita”; no basta con rezar, si se puede obrar; no basta con asistir a Misa el día de la Divina Misericordia y quedarse cruzados de brazos, sin hacer nada, pudiendo hacerlo: quien ha recibido a Jesús Misericordioso en su corazón, debe comunicar de esa misericordia, por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales -las que están prescriptas por la Iglesia-; sólo de esa manera, demostrará que ama, que alaba y adora a la Divina Misericordia, solo con obras, precedidas de la oración. Quien recibe misericordia de parte de Dios, pero no la comunica al prójimo, cerrándose en su egoísmo, rechaza la misericordia que recibió y se vuelve impermeable para recibir más misericordia. Sólo quien es misericordioso para con su prójimo se convertirá, para su prójimo y para el mundo, en una imagen viviente de Jesús Misericordioso, que es el fin por el cual él mismo recibió misericordia. Cuando Jesús se a conocer a un alma, por medio de la Divina Misericordia, lo hace para que esa alma no se guarde para sí el amor recibido, sino para que lo ame, lo alabe y lo glorifique, dando amor a los demás, transformándose en una imagen viviente suya, y esto sucede cuando el alma hace oración, predica la misericordia y obra la misericordia.



[1] Diario. La Divina Misericordia en mi alma, n. 528.
[2] Cfr. ibidem, n. 742.
[3] Cfr. ibídem.

martes, 27 de agosto de 2013

Jesús Misericordioso no niega Su luz a quien se la pide



"Jesús sumamente misericordioso, que eres la bondad misma, Tú no niegas la luz a quienes Te la piden.

Acoge en la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas de los herejes y las almas de los cismáticos y llévalas con Tu luz a la unidad con la Iglesia; no la dejes alejarse de la morada de Tu compasivisimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de Tu misericordia. 

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de los herejes y de los cismaticos que han malgastado Tus bendiciones y han abusado de Tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. 

No mires sus errores, sino el amor de Tu Hijo y su amarga Pasion que sufrió por ellos ya que tambien ellos están acogidos en el sumamente compasivo Corazón de Jesús. Haz que tambien ellos glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén" 

(D.1219)

lunes, 1 de abril de 2013

Domingo de Resurrección





"El contenido de la imagen se relaciona, pues, muy estrechamente con la liturgia de ese domingo. Ese día la Iglesia lee el Evangelio según San Juan sobre la aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29).

Así, la imagen presenta al Salvador resucitado que trae la paz a la humanidad por medio del perdón de los pecados, a precio de su Pasión y muerte en la cruz.

Los rayos de la Sangre y del Agua que brotan del Corazón (invisible en la imagen) traspasado por la lanza y las señales de los clavos, evocan los acontecimientos del Viernes Santo (Jn 19, 17-18, 33-37).

Así pues, la imagen de Jesús Misericordioso une en sí estos dos actos evangélicos que hablan con la mayor claridad del amor de Dios al hombre." (D.Introducción)

"El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción. Es un acto de la voluntad, es un don, es decir, una donación; el intelecto, la voluntad, el corazón, debemos ejercitar estas tres facultades durante la oración. Resucitare en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él." (D. 392)

jueves, 28 de febrero de 2013

Invitación a unirse en oración



Estimados hermanos en Jesús Misericordioso:

Con motivo de la situación que esta atrevesando nuestra Iglesia hay  una jornada de oración en la red, por las siguientes intenciones:


En general: por la Iglesia Católica, por el Papa Benedicto XVI, por todos los Cardenales que han de participar en el próximo Cónclave para que se dejen inspirar por el Espíritu Santo y por quien haya de ser el próximo Papa. 

En particular: por las intenciones enviadas (ahí podrán ustedes colocar su petición de oración)

Y también hay espacio en esa página para que si quieren unirse a estas oraciones coloquen como quieren participar:

Rezando:
1 decena del rosario (1 misterio diario)
1 Corona del Rosario (5 misterios diario)
Viacrucis los viernes
Coronilla de la Divina Misericordia (diario)
Otro:
Incluso los Sacerdotes si quieren pueden colocar estas peticiones en sus intenciones de las Misas que celebren.


También ahí encontrarán botones para colocar en su blog, para difundir y avisar a más personas que se quieran unir, ya que pueden unirse aunque no tengan blog.

Esperemos en Dios que todo salga bien y muchas personas participen. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Instrucciones a los devotos de la Divina Misericordia


Los devotos de Jesús Misericordioso, deben:
1) Venerar en su habitación/casa la imagen de Jesús Misericordioso, acudiendo a Él en todas sus necesidades.
2) Consagrarse enteramente a Jesús Misericordioso.
3) Vivir bajo los rayos de la gracia de Jesús Misericordioso; teniendo especial cuidado de la pureza de corazón y de tender a la perfección.
4) Extender la Divina Misericordia por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales, trabajando para convertir a los pecadores, ayudar y consolar a los pobres, afligidos y enfermos, dándoles a conocer la doctrina de la Divina Misericordia.
5) Unir a nuestras oraciones diarias la jaculatoria: "Jesús en Vos/Tí confío"; los que tengan tiempo, especialmente los enfermos, recen la Coronilla de la Divina Misericordia u otras oraciones a Ella enderezadas.
6) Repitan frecuentemente la jaculatoria enseñada por Jesús a Santa Faustina: "Oh Sangre y Agua que brotásteis del Corazón de Jesús, como una fuente de Misericordia para nosotros, confío en Vosotros".

P. Andrasz - tomado del Librito "Divina Misericordia - Apariciones de Jesús Misericordioso. Parroquia Jesús Misericordioso Arz. de Bs. As. Año 1979"

domingo, 11 de noviembre de 2012

Cómo ser verdaderos devotos de Jesús Misericordioso






¿Qué se necesita para ser verdaderos devotos de Jesús Misericordioso?

Como un resumen escribo aquí, lo que en su mensaje de la Divina Misericordia, Nuestro Señor quiere que hagamos, cosas sencillas que todos podemos hacer, como:
  • Que confiemos totalmente en Él, que acudamos a Él en nuestros problemas.
  • Que seamos misericordiosos con las personas que nos rodean
  • Que hagamos al menos una obra de misericordia al día, Nuestro Señor nos dice:
"...Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte.
Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera- la acción, la segunda- la palabra, y la tercera la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí."
El hacer obras de misericordia es muy importante pues Nuestro Señor nos dice:
"A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil."
  • Que se venere su imagen de Misericordia.
  • Que oremos a las 3 de la tarde, hora de la Misericordia, hora en que Él expiró en la Cruz;
  • Que recemos el Via Crucis en esa hora si podemos, o si no podemos aunque sea una pequeña oración.
  • Que recemos la Coronilla de la Divina Misericordia, para aplacar la santa ira de Dios por tantos pecados que se hacen en todo el mundo.
  • Que celebremos la Fiesta de la Misericordia, el primer domingo despues del domingo de resurección. Y Él prometió que las personas que se confiesen y comulguen en ese día reciben la absolución total de sus pecados.
Aqui unas palabras de Nuestro Señor:
"Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti!.Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria."
Cuando Santa Faustina contó esto en confesión, el padre le dijo que seguramente Jesús deseaba pintar esta imagen en su corazón pero ella sentía que Jesús le decía "Mi Imagen ya está en tu corazón. Yo deseo que se establezca una fiesta de la Misericordia y que esta imagen sea venerada por todo el mundo. Esta fiesta será el primer domingo después de Pascua. Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia Mía a los pecadores."
Por orden de su confesor Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió:
"Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fué abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí".


Las Obras de Misericordia
Las espirituales son:
1.Enseñar al que no sabe.
2.Dar buen consejo al que lo necesita.
3.Corregir al que se equivoca.
4.Perdonar las injurias(ofensas)
5.Consolar al triste.
6.Soportar los defectos del prójimo (con paciencia)
7.Rogar a Dios por los vivos y difuntos.

Las corporales son:
1.Visitar y cuidar a los enfermos.
2.Dar de comer al hambriento.
3.Dar de beber al sediento.
4.Dar posada al peregrino.
5.Vestir al desnudo.
6.Redimir al cautivo.
7.Enterrar a los muertos.




domingo, 4 de noviembre de 2012

EL MENSAJE DE LA DIVINA MISERICORDIA



A Santa Faustina, que infinitamente confiaba en Dios, monja polaca de la Congregación
de la Madre de Dios de Misericordia, el Señor Jesús le confió una gran misión: difundir el Mensaje de la Misericordia al mundo entero. Su vocación era de comunicar las nuevas oraciones y formas
de rendir culto a la Misericordia Divina que han de recordar al hombre la olvidada verdad
de fe sobre el amor misericordioso de Dios a cada ser humano. En el mensaje transmitido,
Dios misericordioso se revela en Jesucristo Salvador como el Padre de amor y misericordia, especialmente para los infelices, perdidos y pecadores.
Santa sor María Faustina Kowalska
(1905 - 1938)
“Tú eres la secretaria de Mi misericordia;
te he escogido para este cargo en ésta y en la vida future”
(Diario, 1605).
“(...) tu misión es escribir todo lo que te hago conocer
sobre Mi misericordia para el provecho de las almas
que leyendo estos escritos, encontrarán en su alma consuelo
y adquirirán valor para acercarse a Mí” (Diario, 1693)
“Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar
a la humanidad doliente, sino deseo sanarla, abrazarla con Mi Corazón misericordioso (...) Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia” (Diario, 1588).
El Salvador desea que el mundo entero conozca nuevas formas del culto a la Divina Misericordia
y las promesas relacionadas con lamisericordia, que serán cumplidas si confiamos en la bondad
de Dios y mostramos misericordia para el prójimo.
“He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia, que todas las almas
tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia.
Los pecadores serán justificados y los justos serán fortalecidos en el bien”
(Diario, 1520).
“...Tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia.
La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia” (Diario, 1577).
“Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá” (Diario, 1578).
(véase La confianza - pe. Sopocko).



LAS NUEVAS FORMAS
DE RENDIR CULTO A LA DIVINA MISERICORDIA
EL CUADRO DE LA IMAGEN JESÚS MISERICORDIOSO
El 22 de febrero de 1931 el Señor Jesús se reveló a sor Faustina en su celda del convento
de Plock (Polonia). Le encomendó pintar un cuadro, enseñando su modelo en la visión.
“Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío.
Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria. (...) Quiero que este cuadro que pintarás con el pincel, sea bendecido con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia” (Diario, 47-49).
 “Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente
de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la frase: Jesús, en Ti confío” (Diario, 327).
“Por medio de esta imagen voy a conceder muchas gracias,
por eso, que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570).



LA FIESTA DE LA MISERICORDIA
“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas, especialmente, para los pobres pecadores (...) Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia.  El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En este día están abiertas todas las compuertas Divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como escarlata” (Diario, 699).
“Aunque el alma fuera como un cadáver descomponiéndose y aunque ya no hubiera esperanza de resurrección en terminos humanos, y todo estuviese ya perdido - no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia resucita esta alma en toda su plenitud” (Diario, 1448).



EL ROSARIO A LA DIVINA MISERICORDIA
El Rosario a la Divina Misericordia le dictó el Señor Jesús a sor Faustina en Vilna (Lituania)
el 13-14 de septiembre de 1935 como una oración que debe ser rezada para que ceda
la indignación de Dios y para obtener el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero.
"Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta rosario"
(Diario, 848).
“A través de él obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad”
(Diario, 1731).

“Reza incesantemente este rosario que te he enseñado. Quienquiera que lo rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se lo recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza este rosario una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita
(Diario, 687).

“A quienes recen este rosario, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, Ilenaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, que no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima (...)  Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe:cuando recen este rosario junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso” (Diario, 1541).
“Defenderé como Mi gloria a cada alma que  rece este rosario a la hora de la muerte,
(...) Cuando delante de un agonizante otros rezan junto este rosario, se aplaca la ira Divina y la inmensa misericordia envuelve al alma” (Diario, 811).
Para rezarla con las cuentas del rosario. “Al comienzo:Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. 
Creo en Dios, 
Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

En las cuentas grandes (1 x): Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre,
el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.
En las cuentas pequeñas (10 x): Por Su dolorosa pasión,
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Al finalizar (3 x):
 Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
ten piedad de nosotros y del mundo entero” (Diario, 476).



LA HORA DE LA MISERICORDIA
En octubre de 1937 en Cracovia (Polonia) el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte. Aunque sea por un momento rezando alegar los valores y méritos de Su Pasión.
“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero (...) 
En esta hora puedes obtener todo lo que pidas para ti y para los demás. En esta hora se concerdió la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia.
 (...) en esa hora procura rezar el Vía Crucis, y si tus obligaciones te lo permitirán; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un rato en la capilla y honra mi corazón, que está lleno de misericordia en el Santísimo Sacramento; y, si no puedes pasar por la capilla, sumérgete en oración, allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante.Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura” (Diario, 1572).
“En la cruz, la Fuente de Mi misericordia fue abierta de par en par por la lanza,
para todas las almas; no he excluido a nadie” (Diario, 1182).



LA PROPAGACIÓN DE LA DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA
“...haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré
lo que te falte. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz. (...) Di, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tanta abundancia de gracias que ella no puede contenerlas, sino que las extiende sobre otras almas. A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo por toda su vida, como una madre cariñosa a su bebe...” (Diario, 1075).
“A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y conmoveré los corazones a los que hablen”
(Diario, 1521).
“Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en  todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera - los actos, la segunda - la palabra, la tercera - la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia” (Diario, 742).



LA NUEVA CONGREGACIÓN
Sor Faustina trató de conocer el plan Divino de crear una nueva Congregación. En esta intención ofreció a Dios muchas oraciones y muchos sufrimientos. En junio de 1935 en Vilna (Lituania) anotó:
“Dios exige que haya una Congregación, que proclame la Divina Misericordia
y la implorase para el mundo” (Diario, 436).
”Deseo que haya tal Congregación...” (Diario, 437).
”Vi el convento de esta nueva Congregación. Una casa amplia y espaciosa, visité cada cuarto uno tras otro; vi que la Divina Providencia había provisto cada lugar de todo lo
que era necesario (...). Durante la Santa Misa me vino la luz y una profunda comprensión de toda esta obra y en mi alma no quedó ni una sombra de duda. El Señor me ha hecho conocer su voluntad en tres matices, pero este es uno.

El primero: donde las almas apartadas del mundo arderán en sacrificio ante el trono
de Dios y pedirán misericordia para el mundo entero. Implorarán bendiciones para los sacerdotes y a través de su oración prepararán el mundo para la venida final de Jesús.
El segundo: la oración junto con los actos de misericordia. De modo especial protegerán del mal a las almas de los niños. La oración y el acto de misericordia encierran en sí todo lo que aquellas almas deben hacer. (...) en este mundo lleno de egoísmo se empeñarán en despertar el amor y la misericordia de Jesús.
El tercer: la oración y la misericordiosa actitud caritativa no exigida por ningún voto, pero por su realización participarán en todos los méritos y en todos los privilegios. A este matiz pueden pertenecer todas las personas que viven en el mundo.
Cada día el miembro de este grupo debe cumplir por lo menos una obra de misericordia, pero pueden ser más, porque cada uno puede cumplirlo fácilmente, incluso el más pobre, ya que existen tres formas de misericordia; primera: la palabra misericordiosa, perdonando y consolando; segundo: cuando no es posible con la palabra, entonces rezando y esto también es una obra de misericordia; tercero: los actos de misericordia.
 Y cuando llegue el último día, seremos juzgados de esto y según esto recibiremos la sentencia eterna” (Diario, 1154-1158).