"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)

jueves, 26 de mayo de 2016

El devoto de Jesús Misericordioso debe ser una imagen viviente de su misericordia


         La devoción a Jesús Misericordioso debe traducirse en actos concretos de misericordia para con nuestros prójimos; de lo contrario, se convierte en un mero pietismo, vacío de todo significado. Esto es así, porque la fe debe traducirse en obras, tal como lo enseña Nuestro Señor en el Evangelio: “Lo que habéis hecho a uno de estos pequeños, a Mí me lo habéis hecho” (Mt 25, 40). Esto significa que todo lo que hacemos a nuestro prójimo, en el bien o en el mal, se lo hacemos a Jesús, que misteriosamente inhabita en él, y es la razón por la cual, si somos misericordiosos para con nuestros prójimos, recibiremos misericordia de parte suya: “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia” (Mt 5, 7). Y el Apóstol Santiago dice: “El juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia” (Sant 2, 13). El mismo Apóstol nos advierte que “la fe, sin obras, es una fe muerta” (Sant 2, 17). La misericordia demostrada para con nuestro prójimo será, por lo tanto, nuestro “pasaporte” para el Reino de los cielos. ¿De qué manera podemos ponerla por práctica? Además de las obras de misericordia corporales y espirituales que nos recomienda la Iglesia, Santa Faustina Kowalska, en su oración para ser misericordiosa, nos enseña de qué manera podemos, en el día a día, ser misericordiosos. Su oración dice así: “Oh Señor, Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo. Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla. Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos. Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas. Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí”[1].
         Santa Faustina pide ser “transformada en la misericordia” de Jesús, toda ella, con su cuerpo: ojos, para no juzgar y ver lo bueno en los demás; oídos, para estar atentos a las necesidades de los otros; lengua, para no solo no hablar mal, sino para tener palabras de consuelo y perdón; manos, para que hacer solo obras buenas; pies, para ir en auxilio del que más lo necesita; corazón, para compadecerse de los sufrimientos del prójimo.
         Lo que Santa Faustina nos enseña es que el devoto de Jesús Misericordioso tiene que ser una imagen viviente suya, no por las palabras, sino por las obras de misericordia, de manera tal que el prójimo vea, en el devoto de Jesús Misericordioso, a Jesús Misericordioso en Persona.



[1] Cfr. Santa Faustina Kowalska, Diario, 163

miércoles, 27 de abril de 2016

"Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí”



“Oh Señor, Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo. Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.
Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
Ayúdame, oh Señor,a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.
Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. (...)
Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo (...)
Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí” (Santa Faustina Kowalska, Diario, 163).

"Sólo Dios Mismo puede llenar mi alma"


"Oh belleza Eterna, quien te conoce una vez solamente, no puede amar ninguna otra cosa. Siento la vorágine insondable de mi alma y que nada la puede llenar, sino Dios Mismo. Siento que me hundo en Él como un granito de arena en un océano sin fondo". (Santa Faustina Kowalska, Diario 343)

"Hoy durante la Santa Misa estuve particularmente unida a Dios y a su Madre Inmaculada


"Hoy durante la Santa Misa estuve particularmente unida a Dios y a su Madre Inmaculada. La humildad y el amor de la Virgen Inmaculada penetró mi alma. Cuánto más imito a la Santísima Virgen, tanto más profundamente conozco a Dios. Oh que inconcebible anhelo envuelve mi alma. Oh Jesús, ¿como puedes dejarme todavía en este destierro? Me muero del deseo por Ti, cada vez que tocas mi alma, me hieres enormemente. El amor y el sufrimiento van juntos, sin embargo, no cambiaría este dolor que Tú me produces por ningún tesoro, porque es el dolor de deleite inconcebible y es la mano amorosa que produce estas heridas a mi alma". (Santa Faustina Kowalska, Diario 843)

"Nos conocemos mutuamente con el Señor en la morada de mi corazón


"Nos conocemos mutuamente con el Señor en la morada de mi corazón. Si ahora yo Te hospedo en la casita de mi corazón, pero se acerca el tiempo cuando me llamarás a Tu morada que me habías preparado desde la creación del mundo. Oh, ¿quien soy yo frente a Ti, oh Señor?". (Santa Faustina Kowalska, Diario 909)

"Deseo satisfacer a Jesús según la clase del pecado


"Deseo satisfacer a Jesús según la clase del pecado. Hoy, durante siete horas he llevado una cintura de cadenitas para impetrar por cierta alma la gracia del arrepentimiento; a la séptima hora sentí alivio, porque aquella alma en su interior ya recibía el perdón aunque todavía no se había confesado. El pecado de los sentidos: mortifico el cuerpo y ayuno según permiso que tengo; el pecado de soberbia: rezo con la frente apoyada en el suelo; el pecado de odio: rezo y hago una obra de caridad a la persona con la cual tengo dificultades, y así, según la clase de pecados conocidos, satisfago la justicia". (Santa Faustina Kowalska, Diario 1029)

"Con tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra"


"El alma: Con tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tú mismo por la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuánto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora te invito a mi corazón, llena de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el Hijo pródigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.
Jesús: Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de la vida todo lo que tu corazón pueda desear Bebe copiosamente de la fuente de la vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia". (Santa Faustina Kowalska, Diario 1485)