"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Consejos de Jesús en las tentaciones


"Hoy, después de la Santa Comunión Jesús me ha dado de nuevo algunas indicaciones.

Primero: no luches sola contra la tentación, sino que descúbrela inmediatamente al confesor y entonces la tentación perderá toda su fuerza; 

segundo: en estas pruebas no pierdas la calma, vive Mi presencia, pide la ayuda de Mi Madre y la de los santos; 

tercero: ten la certeza de que Yo te miro y te sostengo; 

cuarto; no tengas miedo ni de las luchas espirituales ni de ninguna tentación, porque Yo te sostengo con tal de que tú quieras luchar; has de saber que la victoria siempre está de tu lado; 

quinto: has de saber que con una lucha intrépida Me das una gloria y ganas meritos para ti, la tentación ofrece la posibilidad de demostrarme tu fidelidad." (D. 1560)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Jesús siempre está dispuesto a perdonarnos


" ...has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. 

Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. 

Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que] venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia." (D.1488)

jueves, 28 de febrero de 2013

Es necesaria la paciencia, para perseverar en la oración


"Recuerdo que recibí luz en la mayor abundancia durante la adoración de media hora que hacia todos los días durante la Cuaresma, postrándome en cruz delante del Santísimo Sacramento. En aquel tiempo me conocí mas profundamente a mi y a Dios. Para hacer aquella oración encontré muchos obstáculos, a pesar de tener el permiso de las Superioras.


El alma debe saber que para orar y perseverar en la oración, tiene que armarse de paciencia y con esfuerzo superar las dificultades exteriores e interiores. Las dificultades interiores: el desaliento, la aridez, la pereza, las tentaciones; las exteriores: el respeto humano y la necesidad de respetar los momentos destinados a la oración.

Yo misma experimenté que si no rezaba la oración en el momento establecido, después tampoco la rezaba, porque no me lo permitían los deberes y si la recé, fue con gran dificultad, porque el pensamiento huía hacia los deberes. Me sucedió también esta dificultad que si el alma había rezado bien la oración y había salido de ella con un profundo recogimiento interior, otras personas perturbaban ese recogimiento.

Así, pues, es necesaria la paciencia, para perseverar en la oración. Me sucedió mas de una vez que cuando mi alma estaba sumergida en Dios mas profundamente y sacaba mayor provecho de la oración, y la presencia de Dios la acompañaba durante el día, y en el trabajo había mas concentración y mas perfección, y mas empeño en el deber, no obstante me sucedía que justamente entonces recibía el mayor numero de reproches de ser negligente, indiferente a todo, porque las almas menos recogidas quieren que las demás se les parezcan, ya que constituyen para ellas un remordimiento continuo." (D. 147)

lunes, 25 de febrero de 2013

En los sufrimientos Jesús está con nosotros




Cuando nos vienen tentaciones de desanimarnos, a veces tenemos pensamientos desalentadores, Santa Faustina nos dice de donde vienen estos pensamientos:

"Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría. Me dijo: Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte. Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza. A volver a la celda, me caí de cara al suelo delante de la cruz y miré a Jesús sin poder pronunciar ni una sola palabra. Y sin embargo ocultaba a los demás y disimulaba como si no hubiera pasado nada entre nosotras.

Satanás siempre aprovecha tales momentos, comenzaron a venirme los pensamientos de desánimo: He aquí tu premio por la fidelidad y la sinceridad. 


¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida? Oh Jesús, Jesús, ya no aguanto mas. Otra vez caí al suelo bajo aquel peso y comencé a sudar y el miedo empezó a dominarme. No tengo en quien apoyarme interiormente. De repente oí en mi alma la voz: No tengas miedo, Yo estoy contigo, y una luz extraña iluminó mi mente y comprendí que no debía someterme a tales tristezas y una fuerza me llenó, y salí de la celda con un nuevo ánimo para enfrentar los sufrimientos." (Diario 129)

De esto tambien nos dejó testimonio San Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales, pues él nos dice que hemos de vigilar nuestros pensamientos:

"Sobre los pensamientos, se dan en nosotros tres clases de pensamientos:
1) Los que surgen por nuestra propia y libre voluntad
2) Los que nos vienen de fuera por sugestión del buen espíritu
3) Los que nos vienen de fuera por sugestión del espíritu malo" (Ejercicios Espirituales, 32)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tinieblas y tentaciones


"Mi mente estaba extrañamente obscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él.

Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada.

Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria.

Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aun más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mi el único camino que debía seguir y [mi] tabla de salvación.

Cuando el sacerdote me explico que ésas eran las pruebas enviadas por Dios y que, “con el estado en que te encuentras no sólo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho,  es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas.” No obstante esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí.

Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo sacramento y repetía esas palabras: Aunque me mates, yo confiaré en Ti. Me parecía que agonizaba en aquellos dolores.

El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para qué empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para qué mortificarme y anonadarme? ¿Para qué hacer votos? ¿Para qué rezar? ¿Para qué sacrificarme e inmolarme? ¿Para qué ofrecerme como victima en cada paso? ¿Para qué, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para qué estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón.

"Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mí Tu voluntad, oh Señor y Dios mío, y yo glorificaré Tu infinita misericordia. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos.

De repente vi. a Jesús que me dijo: Yo estoy siempre en tu corazón. Un gozo inconcebible inundó mi alma y [llenó] de gran amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar.

Oh, no temo nada; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aun mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor." (D. 77-78)

lunes, 10 de diciembre de 2012

Hija Mía, entre las mas grandes dificultades, has de saber dominarte y que nada te aleje de Mi, ni siquiera tus caídas


"Hoy mi alma se prepara para la venida del Salvador que es la bondad y la misericordia misma.
Las tentaciones y distracciones me sacuden y no me dejan prepararme para la venida del Señor.

Deseo fervientemente recibirte, oh Señor, porque sé que cuando vengas, me liberarás de estos tormentos. Y si Tu voluntad es que sufra, entonces fortaléceme para la lucha.

Jesús, Salvador que Te dignaste venir a mi corazón, aleja estas distracciones que me impiden hablar Contigo.

Jesús me contestó: "Quiero que seas como un oficial entrenado en la lucha que, entre el estruendo de las balas, sabe dar órdenes a los demás. Igualmente tu, hija Mía, entre las mas grandes dificultades, has de saber dominarte y que nada te aleje de Mi, ni siquiera tus caídas."

lunes, 26 de noviembre de 2012

Método para combatir en las tentaciones


"... ¿Cuáles son los métodos para conservar la virtud?

Combatir las tentaciones interiores con la presencia de Dios y además luchar sin temor. En cuanto a las tentaciones exteriores, evitando las ocasiones.

En total hay siete métodos principales.
El primero, la guarda de los sentidosy [luego] evitar las ocasionesevitar el ocio,alejar prontamente las tentaciones, evitar cualquier amistad y especialmente las particulares, [cultivar] el espíritu de mortificaciónrevelar las tentaciones al confesor.

Además hay cinco medios para conservar la virtud: la humildad, el espíritu de oración, la observancia de la modestia, la fidelidad a la regla, una devoción sincera a la Santísima Virgen María." (Diario 93)