"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 28 de agosto de 2013

Glorifiquemos a Dios por su infinita misericordia




"La misericordia del Señor la glorifican en el cielo las almas de los santos que han experimentado sobre sí esta misericordia infinita.

Lo que aquellas almas hacen en el cielo, yo lo empezaré ya aquí en la tierra." (D. 753)

viernes, 11 de enero de 2013

Oh Santa Hostia


Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el testamento de la Divina Misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en [la que] está oculto el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús como testimonio de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, que contiene la vida eterna que [de] la infinita misericordia es donada en abundancia a nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu santo hacia nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el precio infinito de la misericordia, que compensará
todas nuestras deudas y, especialmente, la de los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que encierra la fuente de agua viva que brota de la infinita misericordia hacia
nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el fuego del amor purísimo que arde del seno del Padre
Eterno, como del abismo de la infinita misericordia para nosotros y, especialmente, para los pobres
pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está guardado el remedio para todas nuestras debilidades, [remedio] que
mana de la infinita misericordia, como de una fuente para nosotros y, especialmente, para los pobres
pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el vínculo de unión entre Dios y nosotros, gracias a la
infinita misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que están encerrados todos los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús
hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en todos los sufrimientos y contrariedades de la vida.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y las tormentas interiores y exteriores.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en la vida y en la hora de la muerte.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los fracasos y el abismo de la desesperación.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las mentiras y las traiciones.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y la impiedad que sumergen la tierra.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre la nostalgia y el dolor, en el que nadie nos comprende.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las fatigas y la vida gris de todos los días.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza cuando nuestras ilusiones y nuestros esfuerzos se esfuman.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los golpes de los enemigos y los esfuerzos del infierno.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las dificultades excedan mis fuerzas y cuando mis esfuerzos
resulten inútiles.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las tormentas agiten mi corazón y el espíritu aterrorizado
comience a inclinarse hacia la desesperación.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi corazón comience a temblar y el sudor mortal nos bañe la
frente.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando todo se conjure contra mí y la negra desesperación comience a introducirse en mi alma.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi vista se apague para todo lo que es terrenal y mi espíritu
vea por primera vez los mundos desconocidos.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mis obligaciones estén por encima de mis fuerzas y el fracaso
sea mi destino habitual.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando el cumplimiento de las virtudes me parezca difícil y mi
naturaleza se rebele.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando los golpes de los enemigos sean dirigidos contra mí.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las fatigas y los esfuerzos sean condenados por la gente.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando Tu juicio resuene sobre mí, en aquel momento confiaré en el
mar de Tu misericordia. (D. 356)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tinieblas y tentaciones


"Mi mente estaba extrañamente obscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él.

Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada.

Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria.

Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aun más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mi el único camino que debía seguir y [mi] tabla de salvación.

Cuando el sacerdote me explico que ésas eran las pruebas enviadas por Dios y que, “con el estado en que te encuentras no sólo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho,  es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas.” No obstante esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí.

Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo sacramento y repetía esas palabras: Aunque me mates, yo confiaré en Ti. Me parecía que agonizaba en aquellos dolores.

El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para qué empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para qué mortificarme y anonadarme? ¿Para qué hacer votos? ¿Para qué rezar? ¿Para qué sacrificarme e inmolarme? ¿Para qué ofrecerme como victima en cada paso? ¿Para qué, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para qué estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón.

"Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mí Tu voluntad, oh Señor y Dios mío, y yo glorificaré Tu infinita misericordia. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos.

De repente vi. a Jesús que me dijo: Yo estoy siempre en tu corazón. Un gozo inconcebible inundó mi alma y [llenó] de gran amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar.

Oh, no temo nada; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aun mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor." (D. 77-78)