"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 28 de agosto de 2013

Jesús siempre está dispuesto a perdonarnos


" ...has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. 

Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. 

Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que] venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia." (D.1488)

miércoles, 6 de marzo de 2013

Oh Jesús mío, no hay nada mejor para un alma que las humillaciones






"Oh Jesús mío, no hay nada mejor para un alma que las humillaciones.

En el desprecio está el secreto de la felicidad; cuando el alma llega a conocer que es una nulidad, la miseria personificada y que todo lo que tiene de bueno en si misma, es exclusivamente don de Dios, cuando el alma ve que todo lo que tiene en si le ha sido dado gratuitamente y que de si tiene solamente la miseria, esto la mantiene continuamente humilde delante de la Majestad de Dios y Dios, viendo tal disposición del alma, la persigue con sus gracias.

Cuando el alma se hunde en el abismo de su miseria, Dios hace uso de su omnipotencia para enaltecerla. Si hay en la tierra un alma verdaderamente feliz, ésta es solamente un alma verdaderamente humilde.

Al principio el amor propio sufre mucho a causa de eso, pero si el alma enfrenta valerosamente repetidos combates, Dios le concede mucha luz en la que ella ve lo miserable y engañoso que es todo.

En su corazón esta solamente Dios; un alma humilde no confía a si misma, sino que pone su confianza en Dios. Dios defiende al alma humilde y Él Mismo se introduce en las cosas de ella y entonces el alma permanece en máxima felicidad que nadie puede comprender." (Diario 593)

domingo, 25 de noviembre de 2012

Conferencia sobre la lucha espiritual





(Diario 1760 – 1779)


Hija Mía, quiero instruirte sobre la lucha espiritual.

• Nunca confíes en ti misma, sino que abandónate totalmente a Mi voluntad.
• En el abandono, en las tinieblas y en diferentes dudas recurre a Mí y a tu director espiritual, él te responderá siempre en Mi nombre.
• No te pongas a discutir con ninguna tentación, enciérrate inmediatamente en Mi Corazón y a la primera oportunidad, revélala al confesor.
• Pon el amor propio en el último lugar para que no contamine tus acciones.
• Sopórtate a ti misma con gran paciencia.
• No descuides las mortificaciones interiores.
• Justifica siempre dentro de ti la opinión de las Superioras y del confesor.
• Aléjate de los murmuradores como de una peste. (120)
• Que todos se comporten como quieran, tu compórtate como Yo exijo de ti.
• Observa la regla con máxima fidelidad.
• Después de sufrir un disgusto, piensa qué cosa buena podrías hacer para la persona que te ha hecho sufrir.
• Evita la disipación.
• Calla cuando te amonestan;
• no preguntes la opinión de todos sino de tu director espiritual; con él sé sincera y sencilla como una niña.
• No te desanimes por la ingratitud; no examines con curiosidad los caminos por los cuales te conduzco.
• Cuando el aburrimiento y el desanimo llamen a tu corazón, huye de ti misma y escóndete en Mi Corazón.
• No tengas miedo de la lucha a menudo el solo valor atemoriza las tentaciones, y no se atreven a atacarnos.
• Lucha siempre con esta profunda convicción de que Yo estoy a tu lado.
• No te dejes guiar por el sentimiento, porque él no siempre está en tu poder, todo el merito está en la voluntad.
• Depende siempre de las Superioras en las cosas más pequeñas.
• No te hago ilusiones con la paz (121) y los consuelos, sino que prepárate a grandes batallas.
• Has de saber que ahora estas sobre un escenario donde te observan la tierra y todo el cielo, lucha como un guerrero para que pueda concederte el premio; no tengas mucho miedo, porque no estás sola.
*
• Quiero que seas como un oficial entrenado en la lucha que, entre el estruendo de las balas, sabe dar órdenes a los demás. Igualmente tu, hija Mía, entre las mas grandes dificultades, has de saber dominarte y que nada te aleje de Mi, ni siquiera tus caídas.