"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)

domingo, 25 de noviembre de 2012

"Cuando vienes a confesarte, Yo estoy oculto en el sacerdote"




"Jesús, he notado como si Te ocuparas menos de mí. Si, hija Mía, Me escondo detrás de tu director espiritual ; él se ocupa de ti según Mi voluntad, respeta cada palabra suya como si fuera Mía propia; él es el velo detrás del cual Me escondo. Tu director espiritual y Yo somos uno, sus palabras son palabras Mías. (Diario 1308)


"Hoy el Señor me dijo: Cuando te acercas a la confesión, a esta Fuente de Mi Misericordia, siempre fluye sobre tu alma la Sangre y el Agua que brotó de Mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete toda en Mi misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de Mi gracia.


Cuando te acercas a la confesión debes saber que Yo Mismo te espero en el confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero Yo Mismo actúo en tu alma.

Aquí la miseria del alma se encuentra con Dios de la misericordia. Di a las almas que de esta Fuente de la Misericordia (7) las almas sacan gracias exclusivamente con el recipiente de confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no conocerá límites.

Los torrentes de Mi gracia inundan las almas humildes. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria, porque Mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia los humildes." (Diario 1602)

Ser pequeños ante la majestad de Dios


"Hoy, durante la Santa Misa, junto a mi reclinatorio he visto al Niño Jesús que parecía tener un año, y que me pidió tomarlo en brazos. Cuando lo tomé en brazos, se estrechó a mi corazón y dijo: Estoy bien junto a tu corazón. Aunque eres tan pequeño, yo sé que eres Dios.


¿Por qué tomas el aspecto de un chiquitín para tratar conmigo? 
Porque quiero enseñarte la infancia espiritual. Quiero que seas muy pequeña, ya que siendo pequeñita te llevo junto a Mi Corazón así como tú Me tienes en este momento junto a tu corazón.


En ese momento me quedé sola, pero nadie podrá comprender lo que sentía mi alma, estaba toda sumergida en Dios como una esponja arrojada en el mar…..
(Diario 1481)

Dios nos ama y nos ayuda incluso en nuestras caídas

 Oh Jesús mío, otra vez el arbitrio, pero no me desaniman mis caídas, sé perfectamente que soy la miseria misma. (D. 364)

"Quiero que seas como un oficial entrenado en la lucha que, entre el estruendo de las balas, sabe dar órdenes a los demás. Igualmente tu, hija Mía, entre las mas grandes dificultades, has de saber dominarte y que nada te aleje de Mi, ni siquiera tus caídas." (D. 1823)

"Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mi. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, ademas no he limitado el número de perdones."(D. 1488)

"Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad. Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en lo absoluto. Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra. Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos. La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino mas corto." (D. 291)

No puedes excusarte de obrar la misericordia




"La misericordia es el amor que se esfuerza por aliviar la miseria de otro. Es un amor activo, derramado sobre otros para sanar, consolar, confortar, perdonar y quitar el sufrimiento. Es el amor que Dios nos ofrece y es el amor que Él exige de cada uno de nosotros hacia el prójimo:

"Les doy un mandamiento nuevo... ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado" (Juan 13, 34). "Sean compasivos, como su Padre es compasivo" (Lucas 6, 36).
Repetidas veces la Sagrada Escritura nos recuerda que la medida que usemos con otros, Dios la usará con nosotros (Lucas 6, 38), porque ciertamente Él "nos perdonará nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6, 12-14).

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mateo 5, 7), pero "el jucio será sin misericordia para el que no ha tenido misericordia" (Santiago 2, 13). Las parábolas del buen samaritano, el hombre rico y Lázaro, el siervo que no quería perdonar, nos demuestran esta verdad esencial: solamente dando misericordia podemos esperar recibirla; ya que seremos juzgados según nuestras acciones misericordiosas hacia otros: "Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer..." (Mateo 25, 35-46).

Nuestro Señor le habló a Santa Faustina sobre la importancia de las obras de misericordia durante varias ocasiones:

Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte... porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742). Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio (1317).

¿Cómo ponemos la misericordia en práctica? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones, haciendo obras corporales y espirituales de misericordia y desarrollando una actitud de misericordia en nuestras vidas diarias. Cada día podemos responder a la gente y a las circunstancias que encaramos sumergiéndolas en el mar de la misericordia de Dios. En vez de "maldecir la oscuridad" y desesperarnos sobre la condición del mundo, bendecimos al mundo con la misericordia de Dios y así dejamos que Dios lo sane.

Tomado del libro La Divina Misericordia Mensaje y Devoción.
Fuente: ladivinamisericordia.org
http://ladivinamisericordia.org/news/story.php?NID=4956

Ser misericordiosos: practicar la misericordia


LAS ACCIONES

A través de las obras de misericordia damos testimonio del Evangelio. Así lo expresa el Apóstol Santiago cuando dice: Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe (St 2,18). El propio Jesús nos ha advertido que en el Juicio “se nos examinará sobre el amor”, como dice San Juan de la Cruz .140

Ese día el Rey dirá a quienes hicieron obras de misericordia concretas: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme (Mt 25 34-36).

Iluminados por la Palabra de Dios, descubrimos entonces que las obras de misericordia que podemos y debemos practicar, se agrupan en estas: obras corporales de misericordia: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, dar asilo a los desamparados, consolar a los prisioneros, visitar a los enfermos, enterrar a los muertos. Las obras espirituales de misericordia son: amonestar a los pecadores, instruir a los ignorantes, aconsejar a los que tienen dudas, consolar a los afligidos, soportar con paciencia los errores de los demás, perdonar las ofensas, orar por los vivos y los difuntos. 


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía  

Ser misericordiosos: proclamar la Misericordia de Dios



LAS PALABRAS


Dios nos ha regalado la capacidad de comunicarnos, don que debemos utilizar con responsabilidad, de tal manera que nos edifique a nosotros y a los demás, dando así gloria a Dios. De la abundancia del corazón habla la boca (Cfr. Mt 12, 34-35), ha dicho Jesús, Modelo de comunicación. Por eso San Pablo exhorta: No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen (Ef 4,25.29). Meditando esto, el Papa Juan Pablo II escribió: “La estatura moral de las personas crece o disminuye según las palabras que pronuncian y los mensajes que eligen oír”.141

Jesús nos pide que practiquemos la misericordia de palabra, hablando siempre con la verdad, expresada con caridad. ¡Y qué más grande verdad que comunicar a los que nos rodean la misericordia divina!.¡Sólo Jesús puede calmar la sed de felicidad que todos llevamos dentro!: Por eso el Señor pidió a Santa Faustina, y a través de ella a nosotros: Haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta .142 A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino salvador misericordioso .143

Un día en que santa Faustina estuvo hablando de la Divina Misericordia a unas personas, Jesús mismo le dijo: Estoy muy contento... de que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme . Hagamos lo mismo en nuestra familia y en nuestros ambientes, como Cristo, que aun frente al terreno difícil, no escatimó ninguna semilla (Cfr. Mt 13, 1-23) . 145 De ahí que el Papa Benedicto XVI nos exhorte: “La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de su deber de volver a proponer al mundo la voz de Aquel que dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12) . 146


Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía  

Recordar: Lo que hacemos al prójimo, se lo hacemos a Dios


"1934. Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.

A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que (126) deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.


Al entrar en mi celda vi. un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz: 

Toma este copón y llévalo al tabernáculo. 


En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras:


Con el mismo amor con que te acercas a Mí, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces a ellas Me lo haces a Mí. Después de un momento me di cuenta de que estaba sola." (Diario 285)