"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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miércoles, 28 de agosto de 2013

Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario



"Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tu eres mi puerto, Tu eres mi paz, Tu eres mi Única salvación.

Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas.

Tú eres el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida.

Tú eres todo para el alma solitaria.

Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada.

Tú conoces nuestras debilidades y como un buen medico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto."

(D. 247)

lunes, 19 de agosto de 2013

Yo mismo conduzco a las almas a la santidad



"Cuanto deseo la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas con tal de que quieran acoger Mi gracia. 

Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas estan colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. 

Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. 

Escribe, secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras que indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo." (1784)

domingo, 25 de noviembre de 2012

Cuando tengamos sufrimientos, es cuando más debemos orar, para unirnos al Cristo Sufriente


"Por la noche, al entrar en la pequeña capilla, oí en el alma estas palabras:


Hija Mía, considera estas palabras: y sumido en la angustia, oraba mas tiempo.


Cuando empecé a reflexionar mas profundamente sobre ellas, mucha luz me ilumino que de tal fatigosa oración depende a veces nuestra salvación." (Diario 157)

"...En aquel momento mi mente fue iluminada de modo singular.
Delante de los ojos de mi alma pasó una visión, como aquella que el Señor Jesús tuvo en el
Huerto de los Olivos.

Primero los sufrimientos físicos y todas las circunstancias que los aumentan; los sufrimientos espirituales en toda su extensión y los de los cuales nadie sabrá.

En aquella visión entra todo: sospechas injustas, pérdida del propio buen nombre. He descrito eso de modo resumido, pero el conocimiento de eso fue tan claro que lo que viví después no difería en nada de lo que conocí en aquel momento.

Mi nombre debe ser “victima”. Cuando la visión terminó, un sudor frió fluyó por mi frente." (D. 135)