"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)
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jueves, 25 de diciembre de 2014

Qué significan los rayos de la imagen de Jesús Misericordioso




Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos. Para saber qué significan, antes hay que recordar el siguiente pasaje de la Escritura, que describe lo que sucedió inmediatamente después de morir Jesús en la cruz: “Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 34). Esta Sangre y esta Agua, brotadas del Corazón traspasado de Jesús, están representados en los rayos rojo y blanco, respectivamente. El mismo Jesús lo dice, cuando Sor Faustina le preguntó lo que significaban, explicó: “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299).
Con esto, Jesús nos dice que en sus rayos que brotan de su Corazón traspasado, están simbolizados los sacramentos, sobre todo los del Bautismo y la Penitencia, que están simbolizados en el agua, porque así como el agua lava, purifica, así también estos sacramentos, representados por el agua que brotó de su Corazón traspasado, lava y purifica el alma, porque le quita los pecados, dejándola pura e inmaculada, porque además de quitarle los pecados, le concede la gracia santificante. Es esto lo que Jesús quiere decir cuando dice: “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica las almas”. Por otra parte, el rayo rojo simboliza la Sangre del Corazón de Jesús, que se encuentra en la Eucaristía, llamada “Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad” de Nuestro Señor Jesucristo: la Sangre, junto al Cuerpo, el Alma y la Divinidad de Jesús, contenidos en la Eucaristía, alimentan al alma, y lo hacen con la substancia divina y el Amor Divino del Ser trinitario de Jesucristo, contenido en la Eucaristía.
En síntesis, los rayos blanco y rojo significan ante todo tres sacramentos: Bautismo, Penitencia y Eucaristía. Mientras los sacramentos del bautismo y de la penitencia purifican al alma, porque le quitan los pecados, la Eucaristía alimenta al alma con la substancia divina y con el Amor Divinos, contenidos en ella. Entonces, ambos rayos significan los sacramentos –principalmente, Bautismo, Penitencia y Eucaristía- indispensables para la vida del alma: la Penitencia (y el Bautismo), que quitan lo que impide la comunión de vida y de amor con Dios Trino y, si el alma ha cometido un pecado mortal, al concederle la gracia, restablece esta comunión de vida y amor con Dios, restableciéndose el alma, de muerta que estaba, en viva y viva con la vida divina, de la cual participa por la gracia; los rayos significan la Eucaristía, que alimenta al alma que ha vuelto a vivir por la vida de la gracia, con la substancia divina.
Pero además, en los rayos están representados el Espíritu Santo y todas las gracias que Él concede –por intercesión de María, Medianera de todas las gracias-, porque el símbolo bíblico del Espíritu Santo es el agua, y el Espíritu Santo, que es la Tercera Persona de la Trinidad, la Persona-Amor del Padre y del Hijo, es espirado por el Padre  y el Hijo, y fluye con la Sangre y el Agua que brotan del Corazón traspasado de Jesús. Esa es la razón por la cual, si alguien se acerca a Jesús crucificado, y se arrodilla ante Él, y deja que su Sangre caiga sobre él, queda purificado y santificado por esta Sangre del Cordero.
El otro elemento que está representado en los rayos, específicamente en el rayo rojo, es la Alianza Nueva y Eterna, que Dios sella con la Sangre de su Hijo. El derramamiento de Sangre por parte de Jesús es la prueba de que Dios establece con el hombre una Alianza de Amor y de perdón: mientras los hombres matan en la cruz a su Hijo eterno, Dios Padre responde no con la venganza, sino con la Misericordia, porque Dios convierte al deicidio del hombre en perdón y misericordia, porque en vez de castigar al hombre que mata a su Hijo en la cruz, Dios Padre responde perdonando esa gravísima injuria hecha por los hombres, pero además, sellando la Alianza Nueva y Eterna con los hombres, mediante esa misma Sangre derramada. En otras palabras, mientras la Sangre derramada de Jesús, de parte de los hombres, está causada por odio deicida –instigado por el Ángel caído-, de parte de Dios Trino, esa Sangre se convierte en signo del perdón y del Amor divinos, porque en vez de castigar a la humanidad por la muerte de su Hijo, se apiada de la debilidad de los hombres, les perdona sus pecados, los lava con la Sangre del Cordero y les infunde, con esta Sangre, el Amor Divino, el Espíritu Santo, vehiculizado a través de la Sangre del Corazón traspasado, sellando con esa Sangre la Nueva Alianza, definitiva y eterna, la Alianza caracterizada por la misericordia y el perdón.
A la imagen de Jesús Misericordioso, de cuyo pecho brotan dos rayos -uno blanco, que significa el Agua y otro rojo, que simboliza la Sangre de su Corazón traspasado-, se la llama también “imagen de la Divina Misericordia”, porque es por Misericordia y solo por Misericordia, que Jesús nos perdona los pecados con el Sacramento de la Penitencia, nos alimenta con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, con el Sacramento de la Eucaristía, y es por Misericordia que nos envía el Espíritu Santo junto con su Sangre derramada, y que sella con nosotros una Alianza de Amor, que tiene como ley la Caridad, el amor sobrenatural a Jesús y al prójimo.
Sacramento de la Penitencia, Eucaristía, Don del Espíritu Santo y sello de la Alianza de Amor, Nueva y Eterna, con Dios Trino, es lo que está simbolizado en los rayos de la imagen de Jesús Misericordioso, y es lo que está contenido en su Sagrado Corazón traspasado.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

La Divina Misericordia en Jesús en la Eucaristía




"+ 1934. Durante la Santa Misa en la que Jesús fue expuesto en el Santísimo Sacramento, antes de la Santa Comunión vi dos rayos que salian de la Hostia Santisima, tal y como estan pintados en la imagen; uno rojo y otro palido. 

Se reflejaban sobre cada una de las hermanas y sobre las alumnas, pero no sobre todas de modo igual. Sobre algunas estaban apenas esbozados. Era el dia en que terminabamos los ejercicios espirituales de las jovencitas." (D. 336)

sábado, 22 de diciembre de 2012

5 Lugares de encuentro con La Divina Misericordia



Pero, ¿dónde encontrar la fuerza para confiar así?; en la Iglesia, unidos a la Santísima Virgen María, a través de laSagrada Escritura, de la Liturgia, especialmente de los Sacramentos, entre los que destaca la Eucaristía, y del amoral prójimo.58


1- MEDITACIÓN ORANTE DE LA PALABRA DE DIOS

“Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo” . 59 De ahí que el Magisterio de la Iglesia nos recomiende la lectura asidua de la Palabra de Dios ,60 ya que en ella Dios conversa con nosotros 61 Por eso el Salmista proclama:Antorcha para mis pies es tu Palabra, luz en mi sendero (Sal 119,105).

Si, por nuestro bien debemos conocerla, meditarla, vivirla y anunciarla, a la luz de la Tradición de la Iglesia y del Magisterio :62 “Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó sobre roca (Mt 7, 24). Consciente de esto, aún en medio de su locura, don Quijote afirmaba de las letras divinas: “tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como éste ninguno otro se le puede igualar” . 63

Sin embargo, hay quienes no le dan importancia; y mezclando la fe con sup ersticiones, dejan que cualquier libro o película les confunda y les arrebate esa preciosa semilla. Otros se entusiasman de momento, pero al no ser constantes están débiles, y cuando les llega un problema, lo dejan todo. En cambio, quienes reciben la Palabra de Dios, y confiando en su eficacia la meditan con la guía de la Iglesia y la alimentan con los Sacram entos y la oración, dan tal fruto, que son capaces de resistir la adversidad, sabiendo que los sufrimientos de esta vida no se comparan con la felicidad que nos espera.64


2- CELEBRACIÓN DE LA LITURGIA

En la Liturgia está presente Cristo ,65 quien uniéndonos por el Bautismo a su Cuerpo, que es la Iglesia, nos permite ofrecerlo y ofrecernos juntamente con Él, para participar, con la fuerza del Espíritu Santo, en su ala banza y adoración al Padre, fortaleciéndonos en la unidad, y llenándonos del poder transformador de Dios para ser signo e instrumento de salvación para toda la humanidad, participando también de lo que será la Liturgia celestial.66 De entre los miembros de este Cuerpo, el Señor llama a algunos para que, a través del sacramento del Orden sacerdotal representen a Cristo como Cabeza del Cuerpo, anunciando la Palabra de Dios, guian do a la comunidad, y presidiendo la liturgia, especialmente los sacramentos, entre los que destaca la Eucaristía, donde Él se nos entrega para comunicarnos todo el poder salvífico de su pasión, muerte y resurrección, por el que nos une a la Santísima Trinidad y a toda la Iglesia; con la Virgen María y los santos, con el Papa, con el propio Obispo, con todo el clero y con el pueblo de Dios entero, dándonos la esperanza de alcanzar la vida eterna y resucitar con Él el último día, fortaleciéndonos así para vivir el amor y ser const ructores de unidad en nuestra familia y en nuestros ambientes, siendo solidarios particularmente con que más nos necesitan.67

3- LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE MISERICORDIA


Esto es mi cuerpo.. esta es mi sangre (Mt 26, 26-28). El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna (Jn 6, 54). Por eso, el propio Jesús exhortaba a sant a Faustina: No dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente... Debes saber que Me entristeces mucho, cuando no Me recibes en la Santa Comunión .68 Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma 69

En el año 304, durante la persecución de Diocleciano, en Abitina, 49 cristianos fueron arrestados un domingo mientras celebraban la Eucaristía. Cuando el procónsul les preguntó por qué habían desobedecido la prohibición del emperador, sabiendo que el castigo sería la muerte, uno de ellos respondió: “sin la Eucaristía dominical no podemos vivir”. 70A los cristianos de hoy, el Papa Benedicto XVI nos ha dicho: “Participar en la celebración dominical, ali mentarse del Pan eucarístico y experimentar la comunión de los hermanos y las hermanas en Cristo, es una necesidad... es una alegría”. En ella podemos encontrar “la energía necesaria para el camino que debemos recorrer cada semana” 71

Procuremos comulgar con frecuencia, participando siempre en la Misa Dominical. Dediquemos también algunos momentos a visitar al Santísimo Sacramento .72 “Es hermoso estar con Él –decía Juan Pablo I I- y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón”. 73Y si tenemos conciencia de estar en pecado grave, recordemos que antes de Comulgar debemos primero recibir el sacramento de la Reconciliación .74
 

4- LA CONFESIÓN: EXPERIENCIA DE MISERICORDIA


No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno sólo (Mt 18, 14). El pecado nos degrada, nos aleja de Dios y de los hermanos, y nos arrebata la vida. Pero Dios, que nos sigue amando, nos busca y nos ofrece en el Sacramento de la Penitencia el perdón que nos reconcilia con El y con la Iglesia .75 “Como se deduce de la parábola del hijo pródigo, la reconciliación es un d on de Dios, una iniciativa suya” .76 Y “todo lo que el Hijo de Dios obró y enseñó para la reconciliación del mundo, no lo conocemos solamente por la historia de sus acciones pasadas, sino que lo sentimos también en la eficacia de lo que él realiza en el presente” . 77

Esto, gracias a que la tarde de Pascua, el Señor Jesús se mostró a sus apóstoles y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos(Jn 20, 22-23) . 78. Por eso, San Pablo afirma: “Dios nos ha confiado el misterio de la reconciliación... y la palabra de reconciliación” (2 Cor 5, 18 s.). En el Sacramento de la Penitencia, el Padre, con la fuerza del Espíritu Santo, a través de sus sacerd otes que son presencia y prolongación de Jesús Buen Pastor, corre hacia nosotros para abrazarnos y colmarnos de su amor, y la Iglesia se alegra por la vuelta de aquél hermano que estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado (Lc 15, 32).

Jesús es el cordero de Dios que, con su sacrificio, quita el pecado del Mundo (Cfr. Jn 1, 29. Por eso, Él, que ha venido no para condenar, sino para perdonar y salvar (Cfr. Jn 3, 16), nos invita a acercarnos con confianza a la confesión, donde por su voluntad, el Sacerdote, ministro de la Penitencia, actúa “in persona Christi”. Así se lo comentó a Santa Faustina: El sacerdote, cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo a través de él ;79 Como tú te comportarás con el confesor, así Yo Me comportaré contigo .80


5- LA ORACIÓN


Una persona subió con entusiasmo a un pequeño barco, con el deseo de aventurarse en el mar. Al zarpar, con emoción sintió la brisa y admiró la inmensidad y la belleza del océano. Pero después, a causa del movimiento, experimentó un terrible mareo. Entonces, el capitán le dijo: “si no quiere sentirse mal, mire hacia arriba”. ¡Que buen consejo para quienes surcamos el gran mar de la vida!: miremos hacia arriba, para no marearnos, ni con los bienes del mundo, ni con las crisis y problemas. Y mirar hacia arriba es hacer oración, escuchando a Jesús que nos dice: Permaneced en mí, como yo en vosotros (Jn 15,4).

“Para mí, -escribe Santa Teresa del Niño Jesús- la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto en la prueba como en la alegría” . 81 Necesitamos orar para pedir ayuda, dar gracias, alabar, adorar, contemplar, y escuchar a Dios, abriéndole el corazón a Él y al prójimo .82 ¡En la oración, es Dios quien nos busca para saciar nuestra sed de una vida plena y eternamente feliz! . 83 De ahí que Santa Teresa de Ávila diga: “Si alguien no ha empezado a hacer oración...yo le ruego por amor de Dios, que no deje de hacer esto que le va a traer tantos bienes espirituales. En hacerla no hay ningún mal que temer y si mucho bien que esperar” .84

Habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma ,85 exhortó el Señor a Santa Faustina. Pero ¿cómo orar?; con humildad ,86 confianza y perseverancia .87 Pidan y se les dará, ha prometido Jesús. Sin embargo, quizá alguno diga: “Muchas veces he pedido y no he recibido. Orar no sirve para nada”. Pero seguramente lo que le sucede es aquello que Santa Teresa describe así: “Algunos quisieran tener aquí en la tierra todo lo que desean y luego en el cielo que no les faltase nada. Eso me parece andar a paso de gallina, escarbando entre el basurero” . 88 ¡No perdamos el tiempo, ni entorpezcamos nuestro camino!; creer en Dios es fiarse de Él, sabiendo que nos da lo que más nos conviene, no para una alegría pasajera, sino para nuestra felicidad plena y eterna.



Autor: P. Eugenio Lira Rugarcía
Fuente: Catholic.net

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuestra fuerza viene solo de Dios




"Jesús mío, Tú solo sabes cuantas persecuciones sufro, y solamente porque Te soy completamente fiel a Ti y a Tus órdenes. Tú eres mi fuerza; apóyame para que siempre cumpla con fidelidad todo lo que exiges de mí.

Yo, por mí misma, no puedo hacer nada, pero si Tú me apoyas, todas las dificultades son nada para mí. Oh Señor, veo que desde el primer momento en que mi alma recibió la capacidad de conocerte, mi vida es una lucha continua y cada vez mas violenta.

Cada mañana durante la meditación me preparo para la lucha de todo el día, y la Santa Comunión es mi garantía de que venceré, y así sucede.

Temo el día en que no tenga la Santa Comunión. Este Pan de los fuertes me da toda la fuerza para continuar esta obra y tengo el valor de cumplir todo lo que exige el Señor.

El valor y la fortaleza que están en mí no son míos sino de quien habita en mí, la Eucaristía. Jesús mío, ¡que grandes son las incomprensiones! A veces, si no tuviera la Eucaristía, no tendría la fuerza para seguir el camino que me has indicado."(Diario 91)



Significado de los rayos de la imagen


Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos.

El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó: “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299).


Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía. Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios co
n el hombre contraída en la Sangre de Cristo.


A la imagen de Jesús Misericordioso se le da con frecuencia el nombre de imagen de la Divina Misericordia. Es justo porque la Misericordia de Dios hacia el hombre se reveló
con la mayor plenitud en el misterio pascual de Cristo.

Extraído del: Diario de Santa Faustina. Introducción