"La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia" (Diario de Sor Faustina, 300)

viernes, 26 de julio de 2019

Qué significa la Devoción a la Divina Misericordia



         La devoción a la Divina Misericordia tiene muchos significados:
         -No habrán más devociones hasta el fin de los tiempos;
         -Ésta es la última devoción para el hombre de los últimos tiempos;
         -La imagen de la Divina Misericordia es la señal de los últimos tiempos;
         -La imagen de la Divina Misericordia es la señal de que Él está por venir por Segunda vez, para juzgar a vivos y muertos;
         -Quien no acepte a la Divina Misericordia, es decir, quien no quiera pasar por su Divina Misericordia, deberá pasar por su Divina Justicia;
         -Los rayos de la Divina Misericordia protegen de la Ira de Dios Padre y sólo quien se refugie bajo estos rayos, se verá libre de la Ira de Dios;
         -Quien difunda la Divina Misericordia salvará su alma porque Dios tendrá misericordia de él en el último día;
         -No hay otra tabla de salvación que la Divina Misericordia;
         -Además de la imagen, la Divina Misericordia se derrama a raudales en el Sacramento de la Confesión, por eso quienes quieran entrar en el Reino de los cielos, deben acercarse al Sacramento de la Confesión;
         -Quien no aproveche a la Divina Misericordia en el tiempo, lo lamentará por toda la eternidad, porque la Divina Misericordia es el bálsamo para las heridas provocadas por el pecado en el tiempo; quien no se cure con este bálsamo, sufrirá las consecuencias de la furia de Dios por toda la eternidad.
         -Quien se refugie bajo los rayos de la Divina Misericordia y dé misericordia a su prójimo, recibirá Misericordia en el día de su muerte y así salvará su alma; quien no lo haga, se condenará para siempre, porque no hay otra tabla de salvación para el hombre de los últimos tiempos que la Divina Misericordia de Jesús.

viernes, 26 de abril de 2019

17 datos que Jesús reveló a Santa Faustina sobre la Divina Misericordia


25 de abril de 2019

Redacción ACI Prensa

Desde 1931 Santa Faustina Kowalska recibió mensajes de Jesús que luego escribió en un diario de más de 600 páginas dirigido a un mundo que necesitaba y sigue necesitando la Misericordia de Dios.

¿Es posible no escuchar lo que Jesús dijo a través de Santa Faustina acerca de su Misericordia y cuál debe ser la respuesta del hombre? Benedicto XVI dijo en una ocasión: “Es un mensaje realmente central para nuestro tiempo: la Misericordia como la fuerza de Dios, como el límite divino contra el mal del mundo”.

En ese sentido el National Catholic Register presenta 17 datos que Jesús reveló a Santa Faustina Kowalska sobre la Divina Misericordia en distintas partes de los 6 cuadernos de sus revelaciones privadas. Todos los cuadernos fueron compilados en un solo diario que contiene 1828 numerales.

1. La Fiesta de la Misericordia será un refugio para todas las almas

“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. En ese día se abren las profundidades de mi Misericordia. Yo derramo un océano entero de gracias sobre aquellas almas que se acercan a la fuente de Mi Misericordia. El alma que irá a la Confesión y recibirá la Sagrada Comunión obtendrá el perdón completo de los pecados y el castigo. Ese día todas las compuertas divinas a través de las cuales la gracia fluye se abren. Que nadie tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como el escarlata”. (Diario, 699)

2. No existirá paz sino a través de la Misericordia de Dios

“La humanidad no tendrá paz hasta que se vuelva con confianza a Mi Misericordia”. (Diario, 300)

3. Cuando el mundo reconozca la Misericordia Dios será señal de los últimos tiempos

“Que toda la humanidad reconozca Mi Misericordia insondable. Es una señal para los tiempos finales. Después vendrá el día de la justicia”. (Diario, 848)

4. La justicia de Dios es inminente cuando su Misericordia es rechazada

“El que se niega a pasar por la puerta de mi Misericordia debe pasar por la puerta de mi justicia...” (Diario 1146)

5. La Fiesta de la Misericordia podrá ser la última oportunidad para que muchos se salven

“Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia. Si no adoran Mi Misericordia, morirán para siempre”. (Diario, 965)

6. Dios es el mejor de todos los Padres

“Mi Corazón desborda con gran Misericordia para las almas, y especialmente para los pobres pecadores. Si solo pudieran entender que yo soy el mejor de los Padres para ellos y que para ellos es que la Sangre y el Agua fluyeron de Mi Corazón como de una fuente llena de Misericordia”. (Diario 367)

7. El primer domingo después de Pascua se celebrará la Fiesta de la Misericordia

“Estos rayos protegen las almas de la ira de Mi Padre. Bienaventurado el que habitará en su refugio, porque la mano justa de Dios no lo tomará. Deseo que el primer domingo después de Pascua sea la Fiesta de la Misericordia”. (Diario, 299)

8. Dios quiere que todos se salven

“Hija mía, escribe que cuanto mayor es la miseria de un alma, mayor es su derecho a mi Misericordia; (Exhorta) a todas las almas a confiar en el abismo insondable de Mi Misericordia, porque quiero salvar a todos”. (Diario, 1182)

9. Los más pecadores tienen más derecho a la Misericordia de Dios

“Cuanto mayor es el pecador, mayor es el derecho que tiene a mi Misericordia. Mi Misericordia se confirma en toda obra de Mis manos. El que confía en mi Misericordia no perecerá, porque todos sus asuntos son míos y sus enemigos serán destrozados en la base de mi escabel”. (Diario 723)

10. La confianza en la Misericordia de Dios de los más grandes pecadores debe ser total

“(Que) los grandes pecadores confíen en mi Misericordia. Tienen derecho ante otros a confiar en el abismo de Mi Misericordia. Hija mía, escribe acerca de Mi Misericordia hacia las almas atormentadas. Las almas que hacen un llamado a Mi Misericordia me deleitan. A tales almas les doy aún más gracias de las que piden. No puedo castigar ni aun al más grande pecador si hace un llamado a Mi compasión, pero al contrario lo justifico en Mi insondable e inescrutable Misericordia”. (Diario, 1146)

11. Dios ofrece perdón completo a quien se confiese y comulgue en la fiesta de la Misericordia

“Quiero conceder un perdón completo a las almas que irán a la Confesión y recibirán la Santa Comunión en la Fiesta de Mi Misericordia”. (Diario, 1109)

12. No debe existir miedo de acercarse a la Misericordia de Dios

“Que el alma débil y pecaminosa no tenga miedo de acercarse a Mí, ya que aunque tuviera más pecados que grano de arena en el mundo, todos se ahogaran en las profundidades inconmensurables de Mi Misericordia”. (Diario, 1059)

13. La Misericordia de Dios debe ser adorada y la imagen venerada

“Exijo la adoración de Mi Misericordia a través de la solemne celebración de la Fiesta y de la veneración de la imagen que está pintada. Por medio de esta imagen concederé muchas gracias a las almas. Es para ser un recordatorio de las exigencias de Mi Misericordia, porque incluso la fe más fuerte es inútil sin obras”. (Diario, 742)

14. Las almas recibirán gracias que no podrán contener e irradiarán a otras

“Di a todas las personas, hija Mía, que yo soy el Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la lleno de tal abundancia de gracias que no puede contenerlas dentro de sí, sino que las irradia a otras almas”. (Diario, 1074)

15. La imagen de la Divina Misericordia es fuente de numerosas gracias

“Ofrezco a la gente un vaso con el cual deben seguir viniendo por gracias a la fuente de la Misericordia. Ese barco es esta imagen con la firma: ‘Jesús, yo confío en Ti’”. (Diario, 327)

16. Al venerar la imagen se recibe la protección de Dios en la vida y sobre todo en la muerte

“Prometo que el alma que venerará esta imagen no perecerá. También prometo la victoria sobre sus enemigos ya aquí en la tierra, especialmente a la hora de la muerte. Yo lo defenderé como Mi propia gloria”. (Diario, 48)

17. Los que propagan esta devoción serán protegidos toda su vida por Dios

“A las almas que propagan la devoción a Mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa (protege) a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esa última hora, un alma no tiene nada con que defenderse excepto mi Misericordia. Feliz es el alma que durante su vida se sumergió en la Fuente de la Misericordia, porque la justicia no la tendrá”. (Diario, 1075)
(https://www.aciprensa.com/noticias/17-cosas-que-jesus-revelo-a-santa-faustina-acerca-de-la-divina-misericordia-48009?fbclid=IwAR0sOcpQPlA9mM8ZD1zzMc03LBPsCaTUDHYF2TOU03p__R4be7NM2DJKg4U)

miércoles, 11 de abril de 2018

Jesús Misericordioso a Santa Faustina: "Prepararás al mundo para mi Segunda Venida"


"Una vez cuando en lugar de la oración interior comencé a leer un libro espiritual, oí en el alma estas palabras, explícitas y fuertes: 
"Prepararás al mundo para mi Segunda Venida".
(Santa Faustina)

viernes, 1 de diciembre de 2017

La Coronilla a la Divina Misericordia y las tribulaciones


Un látigo poderoso para usar contra las próximas amenazas (tormentas, terremotos,erupciones volcánicas, tsunamis, etc.)
Dos casos aparecen en el Diario de Santa María Faustina que envuelven tormentas, #1731 y# 1791, y en ellos ella usa la Coronilla de la Divina Misericordia como un látigo poderoso:

“Hoy me despertó una gran tormenta, el viento estaba enfurecido y llovía como si hubiera un huracán, a cada rato caían rayos. Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño; de repente oí estas palabras: Reza la coronilla que te he enseñado y la tempestad cesará. Enseguida he comenzado a rezar la coronilla y ni siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado y oí estas palabras: A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con mi voluntad.” (1731)

“Cuando se acercaba una gran tormenta me puse a rezar la coronilla. De repente oí la voz de un ángel: no puedo acercarme con la tempestad, porque el resplandor que sale de su boca me rechaza a mí y a la tormenta. Se quejaba el ángel con Dios. De súbito conocí lo mucho que habría de devastar con esa tempestad, pero conocí también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la coronilla.” (1791)

Historia y más promesas:
En 1935, Santa Faustina recibió la visión de un ángel enviado por Dios para amenazar cierta ciudad. Ella comenzó a orar por misericordia, pero sus oraciones no tuvieron poder. De repente, vio a la Santísima Trinidad y sintió el poder de la gracia de Jesús en ella. Al mismo tiempo, se encontró a ella misma abogando a Dios por misericordia con palabras que escuchó interiormente.
“Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; por Su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.” (Diario, 476)
“Mientras ella continuó diciendo esta oración inspirada, el ángel se quedó sin ayuda y no pudo llevar a cabo el castigo merecido” (ver Diario, 474, 475)
Al día siguiente, mientras entraba a la capilla, escuchó de nuevo esta voz interior, instruyéndola cómo recitar la oración que Nuestro Señor más tarde llamaría “la Coronilla”. Desde ese momento, ella recitó esta forma de oración casi constantemente, ofreciéndola especialmente por los moribundos.
En posteriores revelaciones, el Señor hizo claro que la Coronilla no era sólo para ella, sino para todo el mundo. Él también atribuyó promesas extraordinarias a su recitación.
“Anima a las almas a rezar la Coronilla que te he dado” (Diario, 1541)
“Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte” (Diario, 687)
“Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré ante el Padre y el alma agonizante no como Juez justo sino como el Salvador Misericordioso.” (Diario, 1541)
“Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador mas empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita.” (Diario, 687)
“A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad” (Diario, 1731)
“Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia” (Diario 687) 

jueves, 26 de octubre de 2017

La Divina Misericordia concede paz al alma por medio del Sacramento de la Confesión


         En nuestros días, abundan las enfermedades psico-somáticas, como por ejemplo, depresión, ansiedad, y neurosis de todo tipo. Aunque algunas enfermedades, como la depresión, están causadas por factores internos, como la carencia o insuficiencia de un metal necesario para el buen funcionamiento del psiquismo, que es el litio, sin embargo, la causa más importante de los trastornos psico-somáticos se encuentra en el exterior del hombre y su psiquis, y esa causa está originada y alimentada, en gran medida, por los medios de comunicación masivos y por el estilo de vida agitado en el que vivimos. Esto hace que la oración, el recogimiento y el silencio, absolutamente necesarios para elevar el alma a Dios -fuente de paz-, están prácticamente ausentes de nuestras vidas, precisamente, a causa de la velocidad y el vértigo que caracterizan la vida humana en el siglo XXI. Esto quita la paz del alma y profundiza los trastornos.
          A esto se le suma el hecho de que muchos católicos, buscando la paz del alma y la sanación de sus afecciones acuden, erróneamente, ya sea a supersticiones, como también a la práctica del yoga, el reiki, la meditación trascendental, o cualquier método oriental que se le presente. El problema es que estos métodos no pueden proporcionar paz y alivio, porque no lo poseen, según el dicho: "nadie puede dar lo que no tiene". 
         ¿Qué es lo que da verdaderamente paz al alma? ¿Qué es lo que disminuye la ansiedad, la tensión, la depresión? Además de la medicina tradicional, a la que el católico debe acudir en busca de solución a dichos problemas, lo que da verdaderamente paz al alma es el recurso a la Confesión sacramental, es decir, al Sacramento de la Confesión o Penitencia. ¿Por qué? Porque a través de los sacramentos –en este caso, la Confesión Sacramental-, Jesús nos da su gracia, su gracia nos hace participar a la Vida divina y la Vida divina se caracteriza por la paz, porque Dios es la Paz Increada en sí misma. No en vano Jesús dice: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”, porque nos da Su paz, la paz de Dios, y porque cancela, con su Sangre, aquello que está en la raíz de nuestras enfermedades, sean psíquicas, corporales o espirituales, y es el pecado. El pecado quita la paz al alma, porque la enemista con Dios, que es la Paz en sí misma, y este pecado solo puede ser quitado con la gracia divina, que para nosotros, los católicos, nos viene por los sacramentos.
         Es por esto que Jesús le dice así a Sor Faustina: “Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; (el Sacramento de la Confesión) ahí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde”[1].
         Indirectametne, Jesús se queja de lo que sucede con los católicos en nuestros días: muchos van a curanderos, a brujos, a hechiceros, en busca de milagros y soluciones a sus problemas; muchos acuden a las religiones orientales, vanamente, para buscar paz para sus almas; muchos, por ignorancia, o por un temor irracional, o por falta de amor a Dios, dejan de lado el Sacramento de la Confesión, en donde ocurren “los más grandes milagros”, como lo dice el mismo Jesús. Y aun así, siendo el Sacramento de la Confesión el lugar en donde la Divina Misericordia se manifiesta con todo su Amor infinito y eterno, las almas rehúyen la confesión, sumergiéndose en la tristeza, en la pena, el dolor, la falta de paz.
         La Confesión Sacramental concede la paz de Dios al alma, la verdadera paz, la paz que, radicando en lo más profundo del alma, une al alma con la fuente de su alegría, Dios Uno y Trino.





[1] Diario de Santa Faustina Kowalska, 1448.

viernes, 7 de abril de 2017

Ante el dolor de la muerte, el cristiano encuentra serenidad y gozo en la Divina Misericordia


         La muerte –y sobre todo, la muerte de un ser querido- nos conmociona, y nos produce un dolor espiritual tan grande, que llega incluso hasta desequilibrarnos en todos los aspectos de la existencia. La muerte de un ser querido es la experiencia más dolorosa en la vida de un ser humano, mucho más dolorosa que el más intenso dolor que pueda experimentar una persona; la muerte produce un impacto y un dolor tan grande, que no tiene comparación con los dolores corpóreos, aun con los más intensos que se puedan experimentar.
         La razón es que no hemos sido creados para la muerte, sino para la vida; hemos sido creados por el Dios Viviente, que es la Vida Increada en sí misma, y hemos sido creados a su imagen y semejanza y parte de esa imagen y semejanza, es la vida. No hemos sido creados para la muerte, sino para la vida, y esa es la razón por la cual la muerte nos deja perplejos, porque el alma, que es inmortal, desea siempre la vida y no la muerte.
         Siendo lo que es la muerte, una experiencia traumática que conmueve y deja atónitos y sin palabras, la respuesta frente a la muerte, para el cristiano, no son la desesperación o la tristeza, sino la serenidad, la paz y, en el fondo, hasta alegría y gozo. ¿Por qué? Porque el cristiano cuenta con un conocimiento que no lo poseen quienes son cristianos, y este conocimiento es el de la fe, que nos dice que Jesús, el Hombre-Dios, ha muerto en cruz y con su muerte no solo ha dado muerte a nuestra muerte, sino que nos ha abierto la Fuente de la Vida, que es su Corazón traspasado, del cual brotan la Sangre y el Agua del Corazón de Dios, que son la Vida del alma.
         La fe nos enseña que Jesús ha muerto en cruz y ha resucitado –el cirio pascual es símbolo de Jesús, glorioso y resucitado, que ilumina con la luz de su gloria a los ángeles y santos en el cielo, y a nosotros, en la tierra, nos ilumina con la luz de la Fe y la Verdad- y que por este sacrificio y muerte en cruz, nos ha abierto las puertas del cielo. Con esto, ya se enciende la esperanza en un más allá de la muerte, en una vida después de la muerte, y esta fe trae ya al alma un descanso, un gozo y una paz, que no se tienen si no se posee la fe en Cristo Jesús.
         Pero además el cristiano confía en la Divina Misericordia, en el Amor Misericordioso de Dios y, en razón de esta confianza en la Divina Misericordia, espera que los seres queridos fallecidos estén con Él, sea en el Purgatorio o en el Cielo, pero con Él, ya que confía en que la Misericordia Divina, apiadada por nuestra miseria humana, haya perdonado los pecados de sus seres queridos, muchos o pocos, cometidos por la debilidad de la naturaleza humana, herida por el pecado original, y que los tenga ya con Él.
         Esta confianza en la Divina Misericordia no solo trae más paz al alma, sino que, sumado al hecho de que Jesús nos ha abierto las puertas del cielo con su sacrificio en Cruz, se enciende, en el horizonte existencial del cristiano, una posibilidad que es la de reencontrar a los seres queridos fallecidos, no en esta vida, sino en la otra, y no de cualquier manera, sino a través de Jesús –y a Jesús se llega por María-.
         Porque Jesús nos ha abierto las puertas del cielo con su sacrificio en cruz y porque confiamos que, por la Divina Misericordia, nuestros seres queridos estén con Dios, los cristianos, frente al hecho doloroso de la muerte, y aun cuando la tristeza y las lágrimas invadan nuestro corazón, no consideramos a la muerte como un “punto final”, sino simplemente como un umbral que se atraviesa en estado de gracia y que, en Cristo, nos permite reencontrarnos con nuestros seres queridos.

         De esta manera, lo que el cristiano debe hacer es no recordar con dolor la ausencia del ser querido, sino esperar, con serenidad y alegría, el reencuentro futuro con el ser querido, por la Misericordia Divina, en el Reino de los cielos. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Jesús, el Dios Misericordioso, lleva a Santa Faustina al Infierno para que dé testimonio de su existencia


Jesús es el Dios Misericordioso, es la Misericordia de Dios encarnada, es el Amor de Dios hecho hombre, que vino como Niño en Belén, para donarse a Sí mismo, todo entero, sin reservas, a cada alma, por Amor, como Pan de Vida eterna, en la Eucaristía. Y, sin embargo, este mismo Dios-Amor, este Dios, que “es Amor”, como dice la Escritura, creó el Infierno, como destino eterno para ángeles y hombres, y por órdenes de este Dios-Amor en Persona, Santa Faustina fue conducida al mismo Infierno, según sus palabras: “Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que el infierno existe”.
Un ángel de luz, cumpliendo las órdenes de Jesús Misericordioso, Rey de los ángeles, conduce a Santa Faustina al Infierno: “Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel”.
El Infierno es un “enorme lugar”, lleno de “grandes tormentos” para las almas que allí se encuentran: “Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión!”.
Luego, Santa Faustina describe los distintos tipos de tormentos que ve en el Infierno: “Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios; el segundo, el continuo remordimiento de conciencia; el tercero, aquel destino no cambiará jamás; el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina”. Lo que revela Santa Faustina es algo que ya la Iglesia lo enseñaba desde siempre: el fuego del Infierno no sólo quema el cuerpo, sino que quema el alma, y esto, por un milagro especial de parte de la Divina Omnipotencia, que así permite que sea satisfecha la Ira Divina, encendida justamente por la impenitencia del pecador, que voluntaria y libremente quiere morir en el mal.
Luego continúa Santa Faustina: “el quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias”. 
Revela Santa Faustina que los tormentos son de dos tipos: los que describió, que son los que padecen los condenados en su conjunto, pero luego hay tormentos que sufren los condenados de modo individual, y estos, que se agregan a los tormentos generales, dependen de la clase de pecado que cometió en esta vida y que fue lo que le valió el Infierno. Esto también es acorde a lo que enseña la Iglesia Católica, que dice que hay un castigo individual para cada órgano responsable del pecado mortal que se cometió y que llevó al condenado, por su impenitencia, al Infierno. Dice así Santa Faustina: “Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos. Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado”.
Luego describe de modo más detallado los lugares en donde están los condenados: “Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro”.
La visión del Infierno, del Demonio y de los condenados es tan terrible, que dice Santa Faustina que habría fallecido de terror, si Dios no la hubiera sostenido: “Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios”.
Luego, Santa Faustina deja por escrito, en su Diario, cuál es el propósito por el cual Jesús Misericordioso le hizo conocer el Infierno: “Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ese será atormentado por toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse [diciendo] que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es”.
Luego continúa: “Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de ello, tengo, la orden de dejarlo por escrito. Los demonios me tenían un gran odio, pero por orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto. He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas. Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos. Oh Jesús mío, prefiero agonizar en los más grandes tormentos hasta el fin del mundo, que ofenderte con el menor pecado” . 
Jesús es el Dios Misericordioso, pero también es el Dios de la Justicia, y respeta la libertad del hombre: si el hombre quiere morir impenitente, Jesús da al impenitente lo que el impenitente quiere: no Misericordia, sino Justicia Divina. El Infierno es, en definitiva, una muestra de la Misericordia de Dios, que da a cada hombre lo que cada hombre, con su libertad, elige.